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Máster de mujer trabajadora (14.Mar.06)

Archivado en El Decodificador • Fecha: 14-03-2006 01:01:27

"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

Carmela no tiene reparos en revelar que tiene 47, como tampoco los tiene en confesar que cree que le va a ser muy difícil volver a encontrar un trabajo como el que acaba de perder. Perder a la fuerza, tras 23 años seguidos en una empresa a la que sentía como propia, la misma que ha tenido pocos escrúpulos al despedirla sin remisión. El mes pasado.
Para justificar que Carmela esté en la calle hay razones de todo tipo, ya se sabe. Desde la “mala venta” tan castiza, hasta las más rebuscadas (las de llenarse la boca o acallar la incomodidad) como reestructuración, downsizing, fusión, MBO, innovación tecnológica o rediseño. Vaya usted a saber.
Carmela se ubicaba a media altura en el organigrama, un sitio gris, aunque con mucho “poder informal”, esos puestos cruciales a la hora de sacar el trabajo adelante. Esa persona de confianza con la que no todas las compañías tienen la suerte de contar, la que resolvía temas importantes en su debido tiempo, sin alharacas, a la que todo el mundo consultaba –incluida la dirección–, la que siempre tenía una frase de aliento para el fastidiado o un gesto de ayuda con el despistado.
Tras tanto tiempo, Carmela ha sido indemnizada, puede que incluso generosamente, quizás le hayan dado 3 ó 4 años de salario más el derecho a cobrar el paro durante 18 meses. Pero no hay dinero que aplaque la sensación acíbar de saber que nunca (y nunca significa nunca) volverá a anunciarse por los pasillos de la 3ª planta con aquel taconeo que sonaba a aplomo, saludando a diestro y a los siniestros, ni volverá a resolver reuniones enredadas con una sola intervención (“es el toque femenino, los hombres os liáis…”), a atender humildemente las consultas de gente que ganaba el doble, el triple que ella, que se fiaban de su conocimiento de la empresa, del mercado; los mismos que, llegado el caso, recortaban su subida salarial o su bonus aduciendo que “era una pena que no tuviera formación, ni siquiera un master de los cortitos”.
Dice el presidente del gobierno que va a quitar la discriminación. Eso dice. Pero para Carmela ya será tarde. En teoría le quedan unos 20 años de vida laboral, pero todo el mundo sabe –ella la primera– que es muy difícil encontrar trabajo a los 47. Un buen trabajo. Curiosamente, cuando más experiencia posee Carmela, menos atractiva es para las empresas. Aunque lo encontrara, será complicado que vuelva a hacerse indispensable, que le saquen provecho a su experiencia, a ese “no máster” que se hizo 11 meses al año durante 23, mientras otros –esto debe ser demagogia– hacían un máster de verdad en la soleada California, en Barcelona o, qué curioso, aquí mismo, en la Avenida de la Mujer Trabajadora.

Escrito por Quintin de Parma
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