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La estrategia de John Darling (04.Abr.06)

Archivado en El Decodificador • Fecha: 04-04-2006 01:01:54

"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

Andaba Peter Pan de aventuras por el país de Nunca Jamás, cuando para llevar a cabo una de ellas, decide delegar en John Darling: “Tú serás el jefe”, le dice. John se pone al frente de la partida formada por los Niños Perdidos: seis chavales chillones, vestidos con pieles de mapache, zorro y conejo y armados con palos y tirachinas.
El grupo camina en fila hacia el campamento de los indios Algonquín de Pie Negro, cantando algo como: “Yo voy siguiendo al líder… a donde quiera que vaya”. Darling aún tiene que ganarse la confianza de la tropa, debe demostrar por qué es el jefe. Encuentra la huella de un pie en el suelo: “Conozco a esta tribu ¡son temibles!”, dice. El primer paso para vencer al enemigo es conocerlo. John va por buen camino. Pero hay que decidir cuál es la mejor forma de enfrentarse a los peligrosos indios. Los Niños Perdidos, excitados por la inminencia del combate, proponen a gritos cómo hacerlo: “¡Corramos hacia ellos y pasémosles por encima!”, uno. “No, machaquémosles sin piedad”, otro. Demasiado ímpetu e irracionalidad. “Un momento –ataja John–, necesitamos una estrategia”. “¿Qué es eso?”, pregunta el de orejas de zorro. La cámara barre las caras expectantes de los Niños. Darling entorna los ojos y contesta solemne: “Una estrategia es un plan de ataque”. Y el chaval de la chistera y el camisón tiene, en esencia, razón –o Disney, adaptando la obra del escocés James Matthew Barry (1860-1937)–: Una estrategia es eso. Poco más y nada menos.

Un término de orígenes bélicos acuñado en la antigua Grecia, posteriormente adoptado por la diplomacia para ser usado en la paz y, desde mitad del XX, prohijado por los gestores de empresa. Justo cuando cayeron en la cuenta de que no sólo se trataba de idear un buen producto, o de producirlo y llevarlo al público. Había que hacerlo mejor que el de al lado, más eficientemente. El comercio pasó a ser una suerte de guerra en la que el enemigo era la competencia, a la que había que tratar de aniquilar. Lo que se consideraba el “objetivo básico de la empresa” cambió. “Maximizar el beneficio” dejó de ser la meta y ésta se sofisticó en “Mantenerse en el mercado”. Es decir, lo más importante no es ganar dinero, sino sobrevivir. Para ello, hay que saber combinar unas artes –la gestión– según una fórmula –la estrategia–, que no se puede enseñar o transmitir a otras empresas, sectores, o países, que es cambiante e inestable, que sólo el directivo puede definir usando el doloroso proceso de la prueba y el error.
Sobre la cubierta de su carabela, anclada en la rada, el Capitán Garfio maquina dónde, cómo y cuándo le conviene presentar la batalla a Peter Pan.

Escrito por Quintin de Parma
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