"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
No había decidido qué trola contaría esta vez, pero aún así, marcó el número de la oficina. Eran las ocho y media de la mañana y no le pareció conveniente demorarse más. Sonó un primer tono. El auxiliar contable de 2ª interino, Mario Benavides, cerró los ojos y pidió en silencio que quien descolgara fuese Maripili. Cualquiera menos el jefe, por favor. Se mordió el labio de abajo. Sonó un segundo tono. Mario sacó el aire de sus pulmones con un soplido largo. Estábamos a día 22 y era la tercera vez que hacía la misma llamada en este mes. El teléfono sonó por cuarta vez.
–Autoescuela Tazio Nuvolari, dígame –contestó la voz de pito de Maripili que mascaba chicle ostensiblemente. A Mario le pareció oler a menta. Suspiró.
–Hola guapa ¿está el ogro? –preguntó en voz baja.
–Claro –dijo la secretaria acomodando las dos sílabas entre dos de sus mascadas– don Tarsicio será un ogro, pero sabe cumplir con su obligación y nunca se escaquea…
–Vale, guapa, vale, sí, escúchame, ¿me escuchas?, sí, le vas a decir que…
–Un momento, Menavide, que me habla don Tar… –la chica tapó el auricular con la mano–… oye, que me dice que te pase con él. Que no cuelgues.
Mario se tocó el nudo de una corbata que no llevaba puesta y alzó el mentón. Tragó saliva. Miró al techo y sopló. Un compás suelto de “La Primavera” de Vivaldi sonó en el auricular mientras Maripili tocaba botones transfiriendo la llamada.
–Más vale que la excusa de hoy sea buena, Benavides, porque si no lo es, te aseguro que va a ser la última que me vas a dar –la voz del jefe sonaba tranquila, exenta de hostilidad, lo que no evitó que Mario sintiera un escalofrío ascendiéndole por la espalda.
–Verá, don Tarsicio, es que…
–¿Qué? –atajó el jefe incisivo.
–Que… que he pasado muy mala noche, mire usted…
–Ya. Mala noche. Entiendo. Mala noche. Otra mala noche… ¿y se puede saber la razón de tanto desvelo?
–Es que… –dudó Mario unos segundos.
–Qué –presionó don Tarsicio.
–Que no he dormido nada… pensando… en… ¡pensando en los problemas tan grandes que tenemos en la empresa! –dijo el contable de corrido, a la vez que fingía un leve quiebro en la voz.
–Clic –se despidió el jefe.
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¿Es Benavides una víctima? ¿Es don Tarsicio un explotador? ¿Debe tomar medidas el dueño de la autoescuela? De las actitudes expuestas, ¿cuáles son más perjudiciales para Andalucía, para España, para Europa? ¿Cambiaría sus respuestas si Mario fuese funcionario de la Junta de Andalucía y don Tarsicio su Jefe de Servicio? ¿Y si fuese usted el dueño de la autoescuela?