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La burbuja intra-día (09.May.06)

Archivado en El Decodificador • Fecha: 09-05-2006 01:01:08

"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

En las primeras semanas de 2000, mi confiado amigo Pilo se entusiasmó jugando en Bolsa con lo que luego se llamó “burbuja financiera”: la subida espectacular de unos valores muy concretos que, a las pocas semanas, se desplomaron para siempre-jamás llevándose los ahorros de mucha gente, entre otros, los que Pilo tenía para un crucero con Felisa. Actuar en Bolsa no es ninguna broma, pero por alguna razón insondable, a mucha gente le sigue pareciendo una actividad fácil y lucrativa a corto plazo.
Hoy prolifera un tipo de aficionado que pretende ganar dinero rápido operando en lo que se denomina el mercado intra-día (day trading), que consiste en comprar valores y venderlos antes de que acabe la sesión bursátil. Nada de análisis fundamental o chartismo, la rutina es simple: apostarse ante la pantalla, elegir un valor y observar su tendencia. Si sube, se compra para venderlo antes de que finalice el día… o baje.
Por tanto, el operador intra-día hace efectivo su beneficio o pérdida al cierre de cada jornada. Al día siguiente, empieza de nuevo. Todo muy rápido. Nada ilegal o poco ético, aunque eso sí, una actividad arriesgada para no profesionales.

El problema radica en que la mayor parte de los inversores particulares, a pesar de los avances que proporciona Internet, no tienen el dinero suficiente, el tiempo material o el temperamento adecuado para ganar a largo plazo o para afrontar las tremendas pérdidas que operar intra-día puede infligir.
Si aun así se anima a probar, debería tener en cuenta que en el intra-día no se invierte, se especula, por lo que sólo debería arriesgar el dinero que no necesite para vivir. Si necesita que le presten para apalancarse financieramente y así incrementar los beneficios, debe considerar el altísimo riesgo en el que incurre. Podría tener que buscarse otro trabajo para pagar al prestamista.
Debe saber que hay que observar el mercado de manera continua, por lo que se demanda disponibilidad de tiempo y capacidad de concentración. Sin olvidar las comisiones que generan muchas pequeñas compras y ventas sucesivas, así como los gastos de conexión a los operadores que suministran las cotizaciones.
Por último, no hay que creer en las “oportunidades clarísimas” ni en el consejo de pretendidos “expertos”. Si el “soplo” es cierto ¿por qué quien lo da no se endeuda, compra lo que puede, realiza su beneficio y se retira a una isla del Pacífico Sur?
Cualquiera puede intentarlo, pero operar en el mercado intra diario es un trabajo a tiempo completo extremadamente estresante, caro y peligroso para un particular desentrenado que no tenga una fortuna para dilapidar.

Escrito por Quintin de Parma
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