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Señales y amenazas (30.May.06)

Archivado en El Decodificador • Fecha: 30-05-2006 01:01:48

"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

Durante los años 60, el mercado de las motocicletas en el Reino Unido y EEUU y estaba dominado por dos marcas señeras: BSA y Harley-Davidson, respectivamente. Fue en esa misma década cuando los productores japoneses, encabezados por Honda, empezaron a introducirse en ambos países con un producto relativamente nuevo: la moto pequeña.
Estos grandes fabricantes infravaloraron la amenaza japonesa porque supusieron que la baja cilindrada no sería competencia para sus insignes máquinas. Quizás hubo algo de desprecio hacia aquel nuevo producto que contradecía los valores básicos del motero de la época, del buen aficionado: una máquina grande y poderosa que se usaba por placer.
Eric Turner, presidente de BSA Ldt. (fabricante de la Triumph y la BSA), comentaba en 1965: «El éxito de Honda, Suzuki y Yamaha ha sido increíblemente bueno para nosotros. La gente empieza comprando una moto japonesa de bajo precio. Descubren la diversión y la emoción de la carretera, y terminan comprando una de nuestras máquinas, más potentes y caras.»
En semejantes términos se expresaba William Davidson, presidente de Harley-Davidson: «No creemos en el mercado de la máquinas pequeñas. Las motos no son vehículos de transporte, sino el símbolo de una manera de vivir, más deportivo que utilitario. Las motos pequeñas serán siempre algo marginal.»
A finales de los 70, las BSA y las Triumph se habían dejado de producir y Harley-Davidson estaba a punto de desaparecer. Finalmente se salvó para nunca más ser líder. El sector de la motocicleta, incluyendo el segmento de las grandes máquinas, estaba dominado por los japoneses.

La “señalización” es un envío selectivo de información diseñado para influir en las percepciones y en el comportamiento de los competidores, con la intención de provocar o evitar ciertas reacciones.
En 1944, la señalización y engaño de los Aliados fue tan buena que, incluso cuando el desembarco en Normandía había comenzado, los alemanes seguían esperando la invasión principal cerca de Calais. Woody Allen propugna atender a las señales que emiten las mujeres como única forma de detectar su infidelidad.
A veces los líderes de las empresas no hacen caso a esas señales que flotan en el entorno, casi siempre provenientes de clientes y competencia. Saber leerlas, sacudirse la arrogancia y hacerlo adecuadamente, puede significar la diferencia entre el éxito o el cierre.
La soberbia de los dirigentes de aquellas marcas de leyenda casi nos priva a todos del placer que supone hoy disfrutar del brillo de sus formas y del sosegado ronroneo de sus motores.

Escrito por Quintin de Parma
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