Caer desde la cúspide (11.Jul.06)
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El Decodificador • Fecha: 11-07-2006 01:01:44
"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
Abraham Maslow (New York, 1908-1970) fue un estudioso del comportamiento humano en la organización. Su gran aportación fue la conocida como “Pirámide de Maslow”, por medio de la cual explicó que el ser humano satisface sus necesidades vitales siguiendo un orden jerárquico. Es decir, hasta que no ha satisfecho las necesidades de un nivel inferior, no acomete otras de nivel superior.
Para ello, dividió las necesidades humanas en 5 niveles, siendo el más básico el “fisiológico o de supervivencia” (respirar, beber, comer), el siguiente el de “seguridad” (protegerse de las alimañas, cobijarse bajo un techo); ascendiendo encontramos las de “amor y pertenencia” y “autoestima y respeto”, para concluir, arriba del todo, en la cúspide, con las de “autorrealización y reconocimiento”. Todos los humanos empezamos por el nivel básico, pero no todos llegamos a plantearnos las de los niveles más altos.
Y es en ese último nivel de las necesidades humanas, donde se dan las más complejas actuaciones del hombre, las menos previsibles, las que un profano –como yo– asimilaría a conductas merecedoras de ser atendidas en los divanes de los psiquiatras más versados.
Pero más interesante aun que lo que pasa por la cabeza, y mueve a quien ha llegado a la cima, es analizar lo que sucede cuando, por una circunstancia, un revés o una sorpresa, quien está instalado en la cúspide, se ve abocado a descender un escalón en la pirámide. O dos.
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La semana pasada murió Kenneth Lay, a los 64 años. Así, sin dar más datos, puede que este nombre no sugiera nada a muchos de nosotros, pero Lay fue uno de esos hombres que estuvo en lo más alto de la Pirámide de Maslow: respetado dentro y fuera de su profesión, sobrado de dinero, oportunidades y futuro, con una esposa amante y una familia estable.
Fue el fundador y presidente de Enron, la empresa energética que en el año 2.000 llegó a estar 7ª en el ranking de la revista Fortune, y cuya quiebra fraudulenta (“contabilidad creativa” llamaron a aquello), arrastró en su caída a compañías del tenor de Arthur Andersen, además de dejar sin ahorros a sus accionistas y en el paro a sus empleados.
Sin embargo acaba de morir de repente, de un ataque cardiaco fulminante, el día que le comunicaron su esperada condena a más de 60 años de cárcel por fraude y conspiración. Su corazón no aguantó las consecuencias de los desmanes perpetrados cuando lo tenía todo en la vida. Su propia fisiología zozobró ante la idea de haber perdido el respeto de todos para siempre.
Caer desde la cúspide de la Pirámide de Maslow resultó demasiado duro para su autoestima y para el respeto que aún quería tenerse.
Escrito por
Quintin de Parma
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1. Opinión de José Manuel Moreno González
2. Autor de la obra “El Impulso integral” (un estudio de la Mecánica Consciente que determina las conductas).
El señor Maslow trata de jerarquizar las tendencias, pero se olvida de las conductas. Primero debería jerarquizar a los individuos, pues las tendencias y las conductas dependen en gran medida del entendimiento y el criterio.
La jerarquización a que él se refiere, parece corresponder a un individuo con un mínimo de inquietudes, que organiza su vida para tener una posición confortable en su edad pasiva.
Pienso que en la actualidad, las necesidades primarias son muchas veces postergadas a la vocación, es decir, que no sólo de pan vive el hombre, y hay ejemplos de infinidad de personas que se realizan a través de su vocación.
Si el señor Maslow hubiera tenido conocimientos profundos sobre la mecánica consciente que determina las conductas, y sobre la estrategia genética, en la cual también está diseñada nuestra conciencia, podría darse cuenta de que las tendencias naturales de los seres humanos, no están representadas en sus jerarquías piramidales.
En la clasificaciones jerarquizadas de Maslow se ha considerado al ser como una individualidad que lucha entre las necesidades y las posibilidades, sin un concepto más profundo de su esencia como conciencia materializada, esto es, sin un conocimiento previo de si mismo y de sus facultades.
El concepto de conciencia, se refiere a la potencia que crea, organiza, y controla el organismo, pero suele confundirse con la reflexión, la toma de partido, o el entendimiento de una situación, y al concebir de ese modo la conciencia, la psicología piensa desde la perspectiva equivocada de que es el individuo el que controla la conciencia, en circunstancias de que es la conciencia la potencia que crea y controla todas las conductas del ser, tanto voluntarias como automáticas del, desde su nacimiento hasta su muerte.
Se habla entonces de “doble conciencia”, “mente consciente”, y “desdoblamiento de la conciencia”, ideas necesarias para sus teorías, pero que no tienen ningún fundamento real.
Esa forma equivocada de entender la conciencia, hace que a la atención del pensamiento se la considere vagamente como una “energía psíquica”, y al estudiar la mente se entre en un juego confuso e interminable de lo que han dado en llamar “mecánica de asociaciones” o “acontecimientos psíquicos”, considerando esos estados como ajenos al control consciente, cuando en realidad nada en absoluto escapa a ese control, y tales situaciones corresponden al razonamiento como dominio relativo de la conciencia.
Esto hace también que, ante la dificultad de desenredar la madeja de los sentimientos, la psicología recurra a los símbolos para representar en una palabra, un concepto, o una imagen, toda una secuencia de obsesiones y resentimientos conflictivos.
Es curioso que, aún cuando la psicología ha llegado a aceptar la atención del pensamiento como “energía psíquica”, no haya entendido que el pensamiento sólo es el hilo conductor de la potencia consciente que crea y controla la vida, por lo que debería modificar muchas de sus teorías equivocadas, dedicando una mayor atención al estudio en profundidad de la mecánica con la que esa potencia controla las conductas.
Siguiendo las diferentes situaciones de la atención del pensamiento, la concienciología ha llegado a un esquema conceptual del desarrollo de los controles conscientes, a partir de un concepto trinitario de la conciencia en sus tres dominios de movimiento, razonamiento, y propósito, cuyas funciones y control de las conductas pueden ser voluntarias o automáticas, según esté o no presente el foco de atención del pensamiento, el cuál podría compararse, a modo de ejemplo, a la función que cumple la flecha accionada por el ratón en un computador.
Antes de que el organismo comenzara a integrase, la conciencia ya era una potencia integradora y organizadora, como lo demuestra la estrategia genética cromosomática (ADN) en la cual no sólo están determinadas las pautas de conductas celulares, sino que también , como se ha dicho, están programadas y determinadas nuestra facultades conscientes
Esta definición del ser humano como creación y medio de desarrollo orgánico de una potencia consciente materializada, debe reemplazar al antiguo y confuso concepto de una individualidad dividida en un cuerpo físico y un alma de características indefinibles, pues no sólo permite el esquematizar los tres dominios conscientes en sus vías voluntarias y automáticas, sino también explicar de manera conceptual el origen, la formación, y la mecánica de las frecuencias repetitivas, la funcionalidad, los razonamientos, los sentimientos, las objetivaciones, y los conflictos, como productos de la mecánica consciente del ser..
Estos concepto concienciológicos son nuevos e inéditos. Las personas que deseen mayor información respecto a la mecánica consciente que determina las conductas, pueden solicitarla de manera gratuita a j_m_e_moreno@yahoo.es
josé manuel moreno gonzález — 24-06-2007 22:39:24
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