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La felicidad como utilidad (25.Jul.06)

Archivado en El Decodificador • Fecha: 25-07-2006 01:01:34

"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

Cuando el ser humano vive una experiencia agradable de manera continuada, tarda poco en acostumbrarse a ella, lo cual hace que la experiencia, a fuerza de ser repetida, se convierta cada en vez menos placentera. Los psicólogos llaman a esto “habituación”, los economistas lo llaman “utilidad marginal decreciente” y el resto de los mortales lo solemos llamar “matrimonio”. El autor de la humorada (absolutamente cierta) es Daniel Gilbert, un profesor de Psicología de la universidad de Harvard, en su libro "Stumbling on happiness", que se podría traducir por algo parecido a "Dando tumbos hacia la felicidad".
La felicidad es un estado emocional subjetivo, por lo que cuando dos personas dicen la misma frase: “Soy tremendamente feliz”, se pueden estar refiriendo a cosas completamente diferentes.
Las encuestas realizadas por Gilbert manifiestan que la mayor parte de nosotros encuentra horrible la idea de tener un hermano siamés pegado al cuerpo, que es esa una de las situaciones en las que el ser humano debe ser menos feliz. Sin embargo, la misma encuesta realizada entre gemelos siameses, deja meridianamente claro que ellos se consideran a sí mismos tan felices como los que no lo son.
¿Somos la mayoría los equivocados al pensar que compartir partes del cuerpo nos haría infelices? ¿Lo son los siameses? ¿Cuál es la razón de dos visiones tan dispares sobre una misma situación? La respuesta es doble, aunque tiene un denominador común: ni los unos ni los otros sabemos lo que es la felicidad “real”.

El desconocimiento de qué es lo que hace que otra gente sea feliz es la primera de las causas de esta disparidad (la paradoja de los siameses), pero hay otra mucho más interesante: tampoco sabemos lo que nos hace felices a nosotros mismos, y eso se debe en gran parte a que nuestra naturaleza, percepciones y actitudes, cambian a través del tiempo. No somos la misma persona cuando deseamos tener el coche de nuestros sueños que cuando, por fin, somos capaces de comprarlo. Incluso nos equivocamos al predecir cómo nos afectaran hechos que ya hemos vivido con anterioridad. El caso típico es el de las mujeres con el parto: siempre lo recuerdan como “no tan doloroso”. Solemos pensar que la nueva empresa o la próxima subida de categoría, o de salario, nos harán felices (“esta vez sí”), aun siendo conscientes de que las anteriores no lo consiguieron.
Igual ocurre con nuestras carreras profesionales. La mayor parte del tiempo no tenemos claro lo que buscamos, lo que queremos encontrar en el trabajo y es, exactamente, esa mala interpretación de nuestra propia realidad lo que nos hace sentir infelices. De manera marginalmente decreciente.

Escrito por Quintin de Parma
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