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Los viejos roqueros (03.Oct.06)

Archivado en El Decodificador • Fecha: 03-10-2006 01:01:00

"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

Para ver la columna en formato pdf, pulsar encima del siguiente enlace:

Llegó un día en el que una universidad pública certificó que mi amigo Ignacio tenía una cualificación profesional. La certificación era cierta y concreta, la cualificación no tanto, pero servía. Estaba deseoso por entrar en el mercado y comprobar por sí mismo que había empresas dispuestas a intercambiar dinero por su trabajo. Algunas incluso añadían formación y posibilidades de promoción a la oferta. Aquello sonaba prometedor.
Ha pasado cierto tiempo, quizá no tanto, depende de cómo se mire, y ahora Ignacio se sorprende apurando su primera y única década de los cuarenta. Un dato aliña su currículum: hace once meses se quedó sin trabajo. Busca y busca pero no encuentra. Mi maduro amigo se ha sorprendido por cómo y cuánto lo discriminan por la edad. Lo que consultores de selección y jefes de personal llaman “mucha edad”.

La semana pasada se promulgó una ley en el Reino Unido por la que se prohíbe cualquier clase de discriminación laboral en razón de la edad. No es que los británicos vayan por su cuenta o por delante. Una Directiva del Consejo de la UE de 27 de noviembre de 2001 disponía que los países miembros debían incorporar a sus legislaciones aquellas medidas que evitaran cualquier diferenciación laboral fundamentada en “origen racial, religión, discapacidad, edad u orientación sexual”. Todas tenían que haber estado en vigor el 2 de diciembre de 2003, pero cada país las va tramitando a su propio ritmo o conveniencia. Cosas de la política. Ya nos llegará a nosotros.
De las cinco discriminaciones, quizás la de la edad sea la más sutil de todas. Me refiero, por ejemplo, a lo que ocurre con los mayores de 40. Es muy difícil volver a encontrar trabajo si alguien tiene la mala fortuna de perderlo, como Ignacio. Los empleadores incrementan sus prejuicios y las puertas se cierran. Las empresas pueden reemplazar a alguien de 50 por otro de 30 que hace el mismo trabajo –más o menos– y que gana la mitad. Se desperdician cerebros y experiencia, y mandamos a mucha gente a jugar al golf (en el mejor de los casos) o a consumir Prozac (en el peor) sin tener por qué.
La normativa comunitaria hará que desaparezcan esos anuncios que piden candidatos “entre 30 y 40 años”. Nadie puede garantizar que una ley acabe a corto plazo con una práctica social tan acendrada, pero podemos ser moderadamente optimistas si atendemos a los resultados de leyes similares dictadas contra otras discriminaciones, como las que aún sufren mujeres o discapacitados. Quizás con los “mayores” termine pasando como con otros colectivos “a proteger”, que cuando un discapacitado llega a jefe de laboratorio o una mujer alcanza la dirección general de una multinacional, los sacan en el periódico o en el Informe Semanal.

Escrito por Quintin de Parma
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