– ¿Ves a esa chica allí enfrente?…
–¿Ves a esa chica allí enfrente?… la pelirroja, esa… ¿La ves?... sí, la que ahora nos saluda, esa… Pues si su coche no se hubiera estrellado ayer contra el eucalipto gordo, el que está a la salida del pueblo, tras la segunda curva, en la carretera de Constantina, ahora no podría vernos ni podría estar viniendo hacia aquí.
–¿Me quieres decir que esa chica no está viva?
–Está tan viva como nosotros.