Ha sido una verdadera sorpresa re encontrar a Joselito después de tantos años de silencio y distancia.
La misma alegría que se siente cuando, agotado el verano, uno se encuentra un billete de 20 euros en el bolsillo de unos pantalones de lana.
Ya no me acuerdo de casi nada, sólo albergo relámpagos risueños en mi memoria, escenas placenteras, conversaciones, otras caras, y él es una de ellas, quizás la principal.
Y ahora me regocijo al verlo bien, controlando el desconcierto que le producen los asuntos propios de su edad, sexo y condición, braceando por la vida hacia donde él cree que está la playa, sacando la cabeza para respirar, creo que con buen ritmo.
Ha sido como encontrar aquella carta que tanto quise esconder, protegerla de los ojos furtivos, de las miradas impertinentes. Tanto, tanto la oculté que terminé hurtándomela a mí mismo, evitándome el placer de su lectura.
Joselito está bien, está muy bien, y a mí me gusta que su presencia haya vuelto.