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En el Parlamento Europeo

Archivado en General • Fecha: 25-10-2006 23:28:21

Hoy he visto en el telediario unas imágenes curiosas. Dos grupos de españoles ante las puertas del Parlamento Europeo de Bruselas, prudentemente separados por unas decenas de metros y una discreta vigilancia policial.

Unos enarbolaban banderas constitucionales, banderas de España. Eran los representantes de las asociaciones de víctimas del terrorismo. Frente a ellos, el otro grupo, ondeando banderas ikurriñas, banderas del país vasco y alguna pancarta. Se supone que este grupo, además de vasco, era partidario del ilegalizado partido Batasuna y de su matriz, la banda terrorista ETA.
Dentro del Parlamento se dilucidaba si éste secundaba al gobierno de Rodríguez Zapatero en su la iniciativa política que pretende hablar con los terroristas para firmar “una paz”.
Gracias a los micrófonos de ambiente, calados sobre las cámaras de los periodistas, me ha sorprendido oír que los de las ikurriñas llamaban a los de enfrente “fascistas”. Fascistas. Les llamaban fascistas. Me he preguntado cuál puede ser la razón moral (no otra) que permite que personas que secundan las acciones de la ETA y que, por tanto, no condenan las muertes producidas por la banda, llamen así a sus victimas, en este caso, pacíficamente abrigados tras la bandera de España. Por cierto, no he oído que las víctimas llamaran “asesinos” o “amigos de los asesinos” u otro epíteto de ese tenor a los de enfrente. Quizás los de las ikurriñas se consideran “demócratas” y temen que las víctimas, o sus familiares allí presentes, estén orquestando una estrategia para quitarles sus derechos políticos, la libertad que hoy gozan y que con tanto trabajo se ganaron tras la dictadura.
Supongo que, además del encono propio que implica estar inmerso en la confrontación política (que personalmente no entiendo, pero que reconozco que es parte del juego), puede que en España, aún, todavía, tras tantos años de Constitución y paz, sólo ensombrecidos por 8oo tiros en la nuca de los amigos de los que esta mañana gritaban “fascistas”, seguimos identificando la bandera constitucional con los partidos de derecha. Y creo que eso está muy mal. Pero aún es peor que, en un paso adelante, se asocie nuestra bandera con los partidarios de Franco, y de todo lo que ocurrió en aquellos años de guerra y posguerra, tan oscuros, en los que la mayor parte de esa gente, por fortuna, aún no había nacido.
Incluso mi cuñada, una mujer que vive libre de problemas, que fía cualquier responsabilidad en su marido tras haberlas fiado antes en su padre, sobre protegida, que es feliz en su mundo tranquilo y sin dilemas, y que por no mentir demasiado, diré que ignora el nombre del alcalde de su ciudad y no sabe quién es Rajoy, el otro día, mi cuñada, cuando vio a mi hija, que por casualidad, ese día vestía una camisa amarilla y un pantalón rojo, muy mona, lo único que acertó a decir fue: “Huy, ¡qué facha”. Y claro, si mi cuñada dice eso al ver el rojo y el amarillo, algo está mal en nuestras entendederas de la realidad, y no sólo en las de los amigos de ETA.

Escrito por Quintin de Parma
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