La doctora Clarissa Pinkola Estés es una psicoanalista junguiana internacionalmente conocida como especialista, poeta, contadora y guardiana de antiguos cuentos de la tradición latinoamericana. Dedicó 20 años a escribir Mujeres que corren con los lobos, que ya ha sido traducido a 18 idiomas. De este libro quiero compartir lo siguiente con vosotros.
“Detrás de las acciones de escribir, pintar, pensar, curar, hacer, guisar, conversar, sonreír, realizar, está siempre el Río Bajo el Río que alimenta todo lo que hacemos.
En la simbología, las grandes extensiones de agua representan el lugar en el que se cree que tuvo origen la vida. En el Sudoeste hispano de Estados Unidos el río simboliza la capacidad de vivir auténticamente. Se le llama la madre, La Madre Grande, La Mujer Grande cuyas aguas discurren no sólo por las acequias y los lechos de los ríos sino que también se derraman sobre los cuerpos de las mujeres cuando nacen sus hijos. (...)
Vemos por tanto que en este caso el río simboliza una forma de generosidad femenina que estimula, excita y apasiona. Los ojos de las mujeres se encienden cuando crean, sus palabras cantan alegremente, sus rostros resplandecen de vida y hasta parece que se intensifica el brillo de su cabello. La idea las excita, las posibilidades las estimulan, el pensamiento las apasiona y, al llegar a este punto, tal como ocurre con el gran río, tienen que fluir sin interrupción por su incomparable camino creativo. Esto es lo que hace que las mujeres se sientan satisfechas (...)
Pero a veces, (...) la vida creativa de una mujer es confiscada por algo que quiere hacer cosas pertenecientes al ego y exclusivamente para el ego, unas cosas que no poseen valor espiritual duradero. A veces, las presiones de la cultura a la que pertenece la mujer dicen que sus ideas creativas son inútiles, que nadie las querrá, que de nada sirve que siga adelante. Eso es una contaminación. Es como verter plomo al cauce del río. Eso es lo que envenena la psique.
La satisfacción del ego es permisible e importante en sí misma. Pero lo malo es que el hecho de vomitar los complejos negativos ataca toda la frescura, la novedad, el potencial, el carácter recién nacido, las cosas en fase de crisálida, la laguna y también lo que está en fase de crecimiento, lo viejo y lo venerado. Cuando falta demasiada alma o se produce un exceso de fabricación de espuria, los desechos tóxicos se vierten a la puras aguas del río y destruyen no sólo el impulso sino también la energía creativa.”
Luz Mari — 09-11-2006 09:08:15