Cosmogonía de la estética de lo borde.
(c. 1969 en Sevilla)
A finales de los 60 y principios de los 70, en España vivíamos el inicio del declive de la era franquista, que había brillado sin demasiada oposición efectiva (ni política ni social) durante los años 50 y 60.
En el sur, algunos jóvenes que habían tenido la suerte de salir al extranjero (principalmente a Londres) o que sin salir, o además de viajar fuera, habían recibido el influjo de la música, costumbres y estética que se escapaba por debajo de los portones de las bases militares norteamericanas (Rota, Morón, Sevilla), se adhirieron al movimiento contracultural que ponía en jaque a la sociedad adulta y conservadora de Occidente.
Aquí, entre señores de bigote recto y fino y señoras con velo, ser “moderno” se notaba bastante más que en Berkeley, París o el mismo Central Park de Nueva York. Pero llamar la atención o sentirse discriminado no fue óbice para que muchos andalucitos adoptaran la nueva estética y las nuevas formas de vida enfrentándose a las establecidas por la, entonces, durísima sociedad española. Una sociedad donde curas y militares eran el ejemplo a seguir, tanto social como individualmente, de lo cual daba idea el hecho de que los seminarios estuvieran llenos de vocaciones más o menos sinceras (aunque la mayoría se perderían en el camino) y las durísimas oposiciones para ingresar en las academias militares las realizaban 10 candidatos por cada plaza vacante.
Nació en Sevilla una actitud "underground" con ciertas características propias, como no podía ser de otra forma, en una tierra que ha sido capaz de mantener una cierta identidad en lo cultural a lo largo de los siglos. Uno de los grupos pioneros fue Smash, con lo que se denominó "música progresiva". El grupo lo formaban Gualberto García (guitarra y sitar), Julio Matito (voz, bajo y flauta), Antonio Rodríguez (batería y percusiones) y Henrick Michael (guitarra y violín). El grupo comenzó haciendo música muy avanzada y en inglés, pero poco a poco empezó a sonar cada vez más “flamenco”. Su productor, Gonzalo García-Pelayo, hizo que personajes como Juan Peña El Lebrijano o Manuel Molina (de Lole y Manuel,) colaboraran asiduamente con el cuarteto.
De dentro del propio grupo y de gente diversa que rondaba alrededor, en el año 1969 (aproximadamente), nació un documento que pretendió definir las coordenadas en las que se movían sus simpatizantes y adeptos, pero que además podía o debía servir de guía a los novicios y postulantes que aspiraban a seguir la senda.
Este manifiesto se denominó ‘Cosmogonia de la estética de lo borde’.
Quizás leyéndolo en 2006 pueda sonar un poco arcangélico y nos recuerde con crudeza y ternura aquellas expresiones un poco aleladas, de pupilas dilatadas y sonrisa perenne, con las que se paseaban los modernos por la Plaza de Doña Elvira, entre rizos largos y guitarras acústicas de doce cuerdas de las que, hoy, hay que encontrar en las tiendas de anticuario.
MANIFIESTO DE LO BORDE (c. 1969)
Cosmogonía de la estética de lo borde:
• Hombres de las praderas (Dylan, Hendrix, Jagger…)
• Hombres de las montañas (Manson, Hitler…)
• Hombres de las cuevas lúgubres (funcionarios)
• Hombres de las cuevas suntuosas (presidentes de consejos de administración, grandes mercaderes)
- Los hombres de las praderas son los únicos que están en el rollo y que han salido del huevo. Sus carnets de identidad son sus caritas.
- Los hombres de las montañas se enrollan por el palo de la violencia y la marcha física.
- Los hombres de las cuevas lúgubres se enrollan por el palo del dogma y te suelen dar la vara chunga.
- Los hombres de las cuevas suntuosas se enrollan por el palo del dinero y del roneo.
- No se puede hacer música en las cuevas del infortunio; hay que abrirse hacia las praderas.
- Las relaciones hombre de las praderas-mercader de las cuevas suntuosas son siempre de sado-masoquismo.
- Sólo se puede vivir tortilleando.
I. No se trata de hacer “flamenco-pop” ni “blues aflamencado”, sino de corromperse por derecho.
II. Sólo puede uno corromperse por el palo de la belleza.
III. Imagínate a Bob Dylan en un cuarto, con una botella de Tío Pepe, Diego el del Gastor, a la guitarra, y la Fernanda y la Bernarda de Utrera haciendo el compás, y dile: canta ahora tus canciones. ¿Qué le entraría a Dylan por ese cuerpecito? Pues lo mismo que a Manuel [Molina] cuando empieza a cantar por bulerías con sonido eléctrico:
Aunque digan lo contrario,
yo sé bien que esto es la guerra,
puñalaítas de muerte
me darían si pudieran.
Juan Carlos Usó, en Spanish trip (La aventura psiquedélica en España), Barcelona, La Liebre de Marzo, 2001, pp. 98-99.
Manolito Underground — 01-11-2006 10:58:27