"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
No sé a ustedes, pero a mí ya me resulta un tanto molesta la cancioncilla esa de “He vendido mi piso por seis veces lo que me costó”. Me hace feliz que la gente gane dinero honradamente, incluso me parece bien que oculte el número de años durante los que ha sido dueña de la casa tan bien vendida, o que no sepa u omita que todos los años se registra inflación.
Pero no está de más afinar que la anterior “hazaña” sólo debe ser motivo de júbilo si quien vende no tiene que volver a comprar una vivienda similar, sino que –pongamos– se lo puede gastar en cruceros, restaurantes señalados por Michelin, ropa firmada o coches sin pegatinas de la ITV. Porque si el ufano contador de anécdotas tiene que comprar otra, el negocio ya no es tan redondo: le costará más o menos lo que acaba de ingresar, con lo que la cantidad de júbilo decrece una barbaridad.
Muchos hemos comprado un piso sobre plano. Al hacerlo, la mayoría cambiamos tiempo de espera por un precio final menor. Pero hay ventajas adicionales en esa fórmula que no todos habíamos cuantificado: la compra de una vivienda sobre plano y su posterior venta, antes de escriturarla, genera una rentabilidad anual del 846%
●
Esta y otra información aparece en el estudio de la Fundación Cajas de Ahorros dirigido por el profesor García–Montalvo, según el cual los españoles no tememos que se pinche la “burbuja inmobiliaria”. Al contrario, confiamos en que cualquier euro que invirtamos en pisos seguirá revalorizándose durante el próximo decenio, nada menos, que al 23%.
La seguridad que nos inspira el mercado inmobiliario se ha instalado en el subconsciente colectivo. Hemos asumido que los crecimientos del pasado continuarán dándose en el futuro y no hacemos caso a las advertencias sobre subidas del tipo del interés ni sobre el peligro que entraña un excesivo endeudamiento familiar. Dedicamos el salario de 9 años a comprar nuestra casa, y el 70% de la riqueza de los hogares españoles esté materializada en su piso. Más de un 37% de los encuestados admite haber realizado operaciones inmobiliarias con el único objetivo de ganar dinero fácil y rápido y hay muchos más que quieren montarse al carro de la especulación.
Pero la mayoría deseamos que estas subidas descabelladas cesen, que el mercado se estabilice y que el ladrillo vuelva a ser el refugio del dinero más miedoso. Para ello, algunas de nuestras muchas Administraciones podrían empezar por dictar normas congruentes que eviten la destrucción del entorno urbano y permitan a los partidos financiarse por encima de la mesa. A partir de ahí, cabe casi cualquier cosa.