Nuestra amiga escribe a mano, y cuando comparte, suele leerte sus textos. Si tiene que enseñarlos, como es el caso hoy, los lava, peina y escamonda para que se note que son hijos (esos otros hijos) bien criados. Lola escribe en su vieja máquina de escribir. Hubiéramos querido publicar estas dos anotaciones en fotos "jpg" de las hojas salidas del carro de su Olivetti Lettera 38, con el encanto de las pulsaciones desiguales, para que no perdieran la frescura con la que fueron escritos, pero no ha sido posible. Técnicamente posible.
Hermética la gran masa de cal tejas y rejas de púas del convento de clausura. Por el compás de entrada al jardín, cuidado y recoleto lleno de arriates de flores menudas limoneros y macetas de albahaca, hay un silencio sólo roto por el rumor del surtidor o el toque de la campana de bronce llamando a coro. Empujando la puerta de madera rechapada y nudosa con clavos como estrellas, se ve al fondo el torno, planeta rotando entre dos mundos; fuera patio y luz, dentro la monja tornera saluda en latín al recién llegado con voz tan suave y melodiosa, como procedente de una galaxia remota.
Ana — 09-02-2007 20:07:46