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Miguel Littin revive la historia de sus bisabuelos (Marta Juliá)

Archivado en General • Fecha: 04-12-2006 09:59:24

El cineasta narra en 'La última luna' las raíces del conflicto judío-palestino de principios del siglo XX.

En Beit-Sajour (Palestina) el director de cine Miguel Littin y su hijo, también Miguel, se encontraron con una mujer que les dijo: "De aquí salió un Mijail y volvieron dos". A comienzos del siglo XX, con la ocupación de Palestina por parte de los turcos, el bisabuelo de Littin emigró a Chile huyendo de la guerra. En este trocito de tierra prometida, como la veían antes de emigrar, Mijail formó su familia. Y allí nació el cineasta, a quien la abuela le contó la historia, medio en árabe, medio en español, mientras se le quemaban los zapatos que ponía en el brasero para protegerse del frío.

La mujer palestina le recordó la historia y Littin sintió la necesidad de contarla. Así empezó "a recorrer la tierra, a dibujarla, a conocer y escuchar a la gente...". A mirar Palestina con ojos de narrador.

La última luna, película que se estrena el martes, y que ya ha recibido varios galardones, se sitúa en 1914, cuando dos amigos, el palestino Soliman y el judío Jacob, miden el terreno donde construirán la casa del judío. Las colinas de Judea y las dunas del desierto componen el escenario de una libertad que se ve truncada por imágenes reales de la primera guerra mundial y por la violencia que acaba invadiendo la tranquilidad del hogar y que provocará que el narrador del filme, el hijo de Soliman, emigre a Chile siendo un niño. Como los bisabuelos de Littin.

"En muchas escenas me costó contener la emoción", confiesa Littin, director de las candidatas al Oscar Actas de Marusia y Alsino y el condor. El cineasta, que siente La última luna "como un capítulo no escrito de la Biblia", descubrió al protagonista, Ayman Abu Alzulof, en un ayuntamiento de Palestina.

Guía turístico, aceptó el reto de ser actor cuando el director le dijo que trabajarían a partir de la memoria emotiva. "Transmite tanto porque está interpretando sus vivencias", apunta Littin. Abu Alzulof, que interpreta un Soliman emocional y veraz, se sitúa al nivel de Alejandro Goic (Jacob) y Tamara Acosta (Matty, la mujer de Soliman).

El rodaje de la película, cuyo guión el cineasta empezó a escribir en Barcelona, duró solo un mes. Acabaron al límite de los recursos y también al límite de la posibilidad de la construcción del muro. "Vivíamos rodeados por militares que intentaban parar la grabación. Teníamos que apartar las metralletas para poder rodar. Pero es algo mágico, dices '¡cámara, acción!' y todo el mundo calla", explica el director que, después de haber vivido tres intentos de fusilamiento durante la dictadura de Pinochet, afirma no tener miedo a las armas.

"Me indigna el discurso oficial de querer la paz pero sin llevarlo a la práctica", protesta. Y expone su rebeldía con el cine: "Expreso lo que soy y lo que he oído. Y lo hago con la esperanza de que haya algún corazón abierto a quien le llegue"..

Al día siguiente de acabar el rodaje, en las mismas colinas donde habían filmado la película, los militares empezaron a construir el muro que divide Palestina e Israel. La última luna se erige como un símbolo de libertad y esperanza. Como la canción homónima que en Palestina cantan por la noche para pedir que aquella no sea la última luna.

Escrito por Quintin de Parma
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