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Un hombre cualquiera (Ignacio F. Garmendia)

Archivado en Trozos de prensa • Fecha: 31-12-2006 13:06:56

Me quedé impresionado cuando lei "Patrimonio", la única obra de Roth que he terminado hasta la fecha. Hoy me encuentro esta crítica del querido maestro Nacho Garmendia en el suplemento cultural de los diarios del Grupo Joly. Quizás su pequeña crónica anime a alguno de vosotros a leer algo de este norteamericano genial. Y lo digo con conocimiento de causa, pues esta semana pasada, queriendo adentrarme un poco en la literatura norteamiercana contemporanea, me dio por gastarme 23 lerus europeos en un libro del segundo escritor que más vende en el los U. S. of A., su nombre es (Re) Don de Lillo. Fue un horror que abandoné en la página 80 y que vendo de segunda mano a buen precio. No, mejor, lo regalo muy barato.

Incluso dentro de una tradición literaria como la norteamericana, caracterizada por el despojamiento y la economía narrativa, la escritura de Philip Roth representa la depuración absoluta, el grado cero de la afectación, la máxima capacidad para emocionar al lector sin deslumbrarlo con vanos artificios. Roth es un maestro de la prosa contemporánea, y esta última novela, que guarda estrecha relación con la excelente Patrimonio, ofrece un nuevo ejemplo de las cualidades que lo han convertido en un escritor imprescindible. De nuevo la vejez, la desposesión, la enfermedad y la muerte son, como en la impresionante "historia verdadera" que rescató la compleja relación mantenida con el padre, los temas de fondo de una novela que compendia su visión escéptica de la realidad humana, alejada de cualquier aspiración trascendente. El innominado protagonista de Elegía es un hambre sin Dios que afronta estoicamente un horizonte vital cada vez más estrecho, obsesionado por las consecuencias de la decadencia física.
En el principio está el final. La novela comienza con los funerales de ese hombre cualquiera -el título original (Everyman) hace referencia a una conocida alegoría tardomedieval, obra clásica del teatro inglés- cuya existencia, marcada por una temprana y sostenida fijación por la muerte, se narra a continuación en episodios que describen los casamientos y sucesivos divorcios, las difíciles relaciones los dos hijos de su primera esposa, la devoción inmerecida de la hija fruto de su segundo matrimonio, la envidia por la buena salud del hermano mayor, los logros profesionales -ha sido un publicista de éxito, que tras la jubilación se dedica a la pintura-, los episodios clínicos que van mermando su fortaleza y acentuando su angustia existencial. Es un hombre apegado a la carne, que se aferra a la vida y comprende, al final de sus días, cuando se dispone a "entrar en la nada", que el amor de los cuerpos ha sido un recurso desesperado para aplazar lo irremediable. Un hombre que reconoce sus errores, ya sin remedio, y afronta como puede, sin esperanza pero no sin miedo, la soledad, el desvalimiento. No hay heroísmo en su actitud: ha buscado la satisfacción de su deseo sin pensar en el daño que podía causar, ha roto los lazos que podían ofrecerle consuelo. El "animal moribundo" de Roth es la más perfecta caracterización del hombre solo enfrentado a las postrimerías.

Escrito por Quintin de Parma
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