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Equivocaciones (23.Ene.07)

Archivado en El Decodificador • Fecha: 23-01-2007 07:23:50

"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

Ni se me pasó por la cabeza descargarme de Internet el vídeo con la ejecución completa de Sadam Hussein. Ya me había estremecido lo suficiente con los segundos previos al ahorcamiento que dieron los telediarios. Con ellos colmé mi necesidad de morbo. Suficiente, gracias.
A los pocos días, nos toca saber que el director de la Inteligencia del ex líder y el presidente de su máximo Tribunal habían corrido la misma suerte. Más nausea sobre la nausea. Pero en esta noticia se desliza un pequeño detalle: ha habido un error, una equivocación, propia de verdugos desavezados, ya se sabe, hay oficios que sólo se dominan con la práctica y… uno de los ajusticiados, hermanastro de Sadam, ha sido decapitado por error. El tirón de la soga le cortó la cabeza. No era esa la intención, se siente.
¿La razón del desacierto? Un mal cálculo en una fórmula física muy simple, aquella que relaciona el peso del reo con la distancia que éste debe caer verticalmente para que la muerte sea inmediata, es decir, que la tracción de la cuerda rompa la médula espinal entre dos vértebras cervicales. Si la distancia es corta, el reo muere por asfixia, pataleando y tarda un poco. Si es larga, ocurre lo del hermanastro. No es fácil ahorcar bien a las personas, no.

La vida se mueve entre el acierto y el error. La economía, la empresa, la política, la familia son parte de la vida y en ellas también nos balanceamos entre ambos extremos. Cometemos errores y no siempre pagamos por ellos. A veces, como en los sucesos de Iraq, no hay castigo para el verdugo ¿para qué? El yerro apenas tendrá consecuencias, nadie se quejará. “Ten más cuidado la próxima vez, haz el favor”, con eso vale. Pero lo de pagar por las pifias va por barrios.
ZP pide perdón por su error de la noche previa al bombazo. Reconoce que no debía habernos dicho que las cosas iban así de bien y que irían aun mejor. El estadista Pepiño Blanco admite que la equivocación del Gobierno al hablar “de paz” fue la elección del interlocutor. Parece mentira, pero no lo es: en Moncloa desconocen quién manda en la banda. Bush es contumaz en su implicación militar en Iraq. Huele a otro Vietnam. No saldrá airoso de la aventura, y lo peor, está retrasando la salida.
Fran, como ZP, juega al baloncesto, tiene 2 hijas, su mujer canta en un coro y sabe bien que en la empresa sí se paga por el error cometido. Si es grave, suele implicar el paro. A mayor nivel jerárquico, menor tolerancia. Así de fácil. La razón es que hay un dueño del dinero que vela por sus intereses administrados por profesionales. Lo mismo debería ocurrir en la política, pero no, al menos aquí, porque los políticos sólo son profesionales… de la política.

Escrito por Quintin de Parma
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