"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
Hace cinco años, el Índice de Convergencia de Andalucía con la Unión Europea era del 66% (el EUR-15, referido a los miembros antes de las ampliaciones), lo que nos situaba en el puesto 19 de las comunidades autónomas, es decir, la última. Aquella clasificación no era buena, pero como decía aquel, “sólo podíamos mejorar”.
Pues han pasado cinco años y hay una noticia buena y otra mala. La buena es que nuestro grado de convergencia con la Europa desarrollada ha mejorado, se han recortado 11 puntos y ahora estamos al 77%. La mala es que no nos hemos movido del último puesto. Las cuatro provincias españolas que menos convergen con Europa son andaluzas (Jaén, Granada, Cádiz y Córdoba). Ligerísimamente mejor anda Sevilla, que ocupa la octava posición por la cola.
Atendiendo al desempleo, siete de las ocho provincias andaluzas (la única que se salva es Sevilla) están entre las diez con mayor tasa de paro de España. Este dato se atenúa si tenemos en cuenta que Almería, Granada, Málaga y Huelva, además de figurar entre las que más paro sufren, también se encuentran entre las que más han visto crecer el empleo, detalle positivo directamente relacionado con la llegada de masiva de inmigrantes, que ha incrementado la población activa nacional de 18 a 21 millones, un 15%.
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Estos y otros datos se pueden encontrar en el Balance Económico y Regional de la Fundación Cajas de Ahorros. Son objetivos, elaborados por profesionales nada sospechosos. El caso es que seguimos ocupando los últimos puestos del ranking de riqueza en España y en Europa, donde nos acompañan Extremadura y Murcia (la persistencia del sur), además de Galicia.
Durante años hemos recibido ayudas europeas que han permitido que nos desarrollemos espectacularmente. Países con los que, además de la historia común, sólo nos unía el tratado de adhesión de 1985, nos han mostrado su enorme solidaridad. Ahora las ayudas cesan porque hay nuevos socios que las necesitan más que nosotros.
Para salir de la cola que ocupamos en Europa y en España existen dos vías: la primera es lenta y radica en el propio músculo económico de la región, mediante los beneficios de todo tipo que generen las empresas aquí establecidas, creando puestos de trabajo e invirtiendo en tecnología e infraestructura. La otra vía es la solidaridad de las regiones más ricas, la que establecía la Constitución de 1978 y que ahora está en solfa por mor de las fórmulas establecidas en el Estatuto Catalán. Si otras regiones copian ese modelo de estatuto —como ha hecho Andalucía— puede ponerse en peligro el desarrollo de las más pobres en plazos razonables.