"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
Según la Real Academia Española, “motivar” es “disponer del ánimo de alguien para que proceda de un determinado modo”. Si se me permite acercar esta definición al ámbito de la empresa, la motivación es una determinada actitud en un individuo que le lleva a realizar un esfuerzo por conseguir las metas de la empresa, sabiendo que de forma paralela, la consecución del logro ajeno redundará en la satisfacción de una necesidad propia.
Ecolignor es una empresa que repara “palets”, esas estructuras de madera usadas para apilar ladrillos y facilitar su transporte. Reciclar “palets” es una actividad respetuosa con los recursos medioambientales disponibles, eso está bien, pero no hay máquinas que realicen el trabajo, por lo que todo el proceso es manual y muy físico. Además, como no se requiere cualificación, los salarios que se pagan son ciertamente bajos. La empresa empezó a sufrir de una altísima rotación, con lo que no había manera de mantener una plantilla estable, formada y capaz de servir los pedidos.
Entonces aparecieron los gambianos, que hoy constituyen la totalidad del área de producción y con los que la dirección ha conseguido un alto grado de entendimiento. Todo se ha basado en un detalle: los musulmanes de Gambia, como casi todos ellos, son celosos practicantes de su religión.
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La dirección captó el detalle y empezó a integrar las costumbres religiosas en la rutina productiva diaria. Primero les concedió 15 minutos al día para sus rezos en verano y media hora en invierno. El rendimiento y la rotación mejoraron. Luego, durante el Ramadán, sustituyó la jornada partida por otra continuada, para que sobrellevaran mejor el ayuno. A la vez, la empresa abandonó los procesos de selección: cuando necesitaba a alguien, lo comunicaba a los gambianos y éstos le traían un compatriota. Ningún trabajador así captado les falló jamás. Por último, ante una punta de trabajo que requería un sobreesfuerzo, rifó un viaje a la Meca. El afortunado con el premio decía: “Para un musulmán, ese viaje vale más que todo el oro del mundo. En ningún otro sitio tendría lo que me dan aquí. No los dejaría por nada”.
Con los tiempos que corren, podría parecer que lo que se acaba de exponer es una manifestación más del “buenismo” imperante, de esa actitud comprensiva con los que vienen de fuera que, a veces, no es correspondida por la intención de ellos de integrarse en la sociedad que les acoge y les permite vivir mejor. Creo que hay musulmanes extremistas que dicen “conquistaremos occidente con sus normas y luego les gobernaremos con las nuestras”. Pero ese es otro tema diferente. Aquí sólo se trataba de hablar sobre cómo motivar a un trabajador en su puesto de trabajo. Nada más.