Este es el relato con el que Maria Fernanda quedó segunda en el certamen de Villamanrique de la Condesa. Dice ella. "El relato lo escribí estando bajo la influencia del estímulo creativo de un taller al que asistí el año pasado. Así que, en buena parte, el premio se lo debo a lo que allí capté. Fue en vísperas de los mundiales de fútbol, deporte ese -o negocio, o qué sé yo- que a mi no me gusta nada y sin embargo mi relato gira en torno a ese mundo. ¡Lo que es la vida!, ja ja."
LA FINAL
No era solamente una cara bonita. Era, además, lo que se suele llamar un cuerpazo. Su única imperfección eran las orejas que, además de ser grandes en exceso, quedaban un tanto separadas hacia adelante, lo que las hacía aún más llamativas. Ella trataba de ocultarlas con la melena, pero apenas si podía evitar que sobresalieran a la vista.
La beca Erasmus le proporcionó la independencia que solicitaban sus veinte años. Otro mundo era lo que ella necesitaba; aires nuevos, abiertos. Porque se asfixiaba en la pequeña ciudad de provincias. Berlín. El progreso y la libertad. Y allá se marchó, lágrimas de mamá y recomendaciones de papá, a comenzar el nuevo curso a finales del mes de Septiembre.
Sus compañeros pugnaban por ella; por dejarle los apuntes de clase, por sentarse a su lado en el comedor universitario, por tomar una copa en su compañía el viernes por la tarde. Pero el encanto desaparecía cuando la chica, relajada, se recogía el pelo o lo estiraba hacia atrás, y sus enormes orejas quedaban al descubierto. O, por lo menos, eso creía ella, agobiada, y se marchaba con cualquier pretexto, dejando atrás a más de un corazón desorientado.
El curso transcurrió deprisa. Con resultados académicos inmejorables, porque Gloria, además, era una estudiante aventajada. Había vivido intensamente los preparativos del Mundial durante los meses que duró el periodo de la beca, por eso fue que decidió posponer su vuelta a casa. Se quedaría hasta el término del campeonato. Sobre todo para poder disfrutar de los partidos de la selección de su país que, según la opinión de los expertos, tenía visos de llegar a la final. Siguieron días de locura, de hinchada, de colores nacionales. La vorágine en las calles. La publicidad interminable de camisetas, gorras, himnos y canciones animando a los equipos respectivos. El negocio multinacional. Y la sombra de la prostitución para desahogo de tanto varón embrutecido por el alcohol tras la victoria de su equipo favorito. Un día, una compañera de piso le propuso lo que calificó de payasada: “Verás cómo nos vamos a divertir. Y además podremos ganar algún dinerillo extra antes de volver a casa”. No es que ella fuera una mojigata, no; ella, Gloria Márquez no era de ese pelaje, pero posar completamente desnuda teñida de arriba abajo con los colores de la selección nacional era algo muy distinto. “¿Quién se va a dar cuenta entre tanta gente, mujer? Serás una mota en la marea humana del graderío” –le dijo su amiga- “Además, ¿tú no has querido siempre operarte esas orejas que tanto te disgustan?” -insistió-. Seis mil euros. Una fortuna. Una sola firma y el ingreso en su cuenta -hasta aquí siempre deficitaria- al mismo día siguiente del partido. Total, entre tanta aglomeración… y además ahora ya no hacía frío. Bicolor entera. La pintura se la proporcionaría su amiga que se aprovisionaría de un tal no sé quién.
El campo hervía el día del partido. Calor y multitud. Los colores de ambos bandos manchaban las gradas. Gloria se desnudó allí mismo, entre vítores y fuertes aplausos de los presentes. Al principio sintió náuseas pero a partir del primer silbato del árbitro la atención se desvió, aliviando la tensión que le atenazaba el estómago, de modo que empezó a sentirse relativamente cómoda. Ni se acordaba de su carne abanderada. El fin llegó con una victoria excepcional: 5-0 a favor de los colores que partían desde sus pómulos, pasando por sus senos descubiertos y que continuaban surcado el vientre hasta los tobillos. Las orejas, esta vez, lucieron bandera por delante, sin tapujos. Al fin y al cabo, sería la última vez…
- ¿Has visto qué partidazo hija mía?
- Me ha sido imposible, papá; el último examen, ya sabes. Con lo que me hubiera gustado –comentó tras el auricular, con voz compungida.
Al día siguiente, los periódicos se hicieron eco del triunfo, por goleada, de la selección. Ninguna otra noticia, doméstica o internacional, parecía tener más interés. Fotos de aficionados eufóricos, columnas de opinión, viñetas. Todos los diarios tenían como protagonista indiscutible al equipo nacional. Y en todos, en primera página a todo color, la chica desnuda hecha bandera. “Curiosas orejas grandes, también coloreadas, como anticipo de un cuerpo espléndido…” –comentaban algunos medios de comunicación nacionales y extranjeros.
Ingresó en la clínica de cirugía estética un par de días después. Había intentado explicárselo a mamá, inútilmente, cuando la llamó aquella tarde. “No sabes qué disgusto para la familia, verte así como tu madre ¡como yo! te traje al mundo. ¿Cómo has podido hacernos esto? Mira, es mejor que no hablemos en unos días. Por lo menos mientras se calma tu padre” Y Gloria sintió un vacío rotundo al otro lado de la línea telefónica. De momento, se operaría las orejas de su martirio. Por causa de sus dos apéndices colosales había tenido que hacer semejante tontería y quién sabe si volvería a entenderse con su familia. Pero estaba decidida, era la última vez que iba a tener que soportar aquellas dos asas reflejadas en el espejo. Mañana, dentro de unos días, todo sería muy distinto.
Al término del campeonato, la primera página de los periódicos volvía, por fin, a estar ocupada por la guerra de siempre, aquella de la que casi todos se habían olvidado. Y las páginas de interior volvieron también a hacerse eco de la chica que se desnudó el día que ganó la selección: “No se hicieron con rigor las pruebas previas a la anestesia. Al parecer la joven padecía cierta insuficiencia respiratoria…” La foto mostraba el féretro cubierto con la bandera bicolor. Los padres lo seguían desconsolados y tras ellos desfilaban los jugadores de la selección de luto riguroso. Según los rotativos, el alcalde de la ciudad de provincias, en la despedida, hizo un alegato sobre la valentía de una juventud sin complejos, capaz de afrontar no se qué convencionalismos, y declaró que la calle adyacente al ayuntamiento llevaría, a partir de entonces, el nombre de Gloria Márquez, la chica de cuerpo esplendoroso y orejas grandes –signo de identidad de la mayoría de sus conciudadanos, afirmó ufano el alcalde-. A continuación, tras un minuto de silencio, la banda de música interpretó el himno nacional.
Pepe Amodeo — 09-03-2007 20:59:29
Rosita Fraguel — 12-03-2007 10:16:10