"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
La armonía entre las diferentes capas gaseosas que rodean la tierra está seriamente afectada. La quema de combustibles fósiles hace que grandes cantidades de dióxido de carbono se acumulen en la atmósfera atrapando la radiación solar. La consecuencia es el efecto invernadero y el calentamiento global. "El cambio climático es un tren que se puso en marcha y al que costará siglos parar", dicen los expertos.
El país más influyente del mundo (EEUU) se ha negado hasta ahora a firmar el Protocolo de Kyoto porque consideraba que desde el punto de vista económico, no se podían atajar las consecuencias negativas del cambio climático. Y es que nadie hasta ahora había cuantificado el coste económico de ese empeño. Pero hace poco y por primera vez, lo ha hecho el economista Nicholas Stern, cuya conclusión arroja una cifra desorbitada: nos costaría el 1% del PIB mundial. La mala noticia es que no atajarlo nos saldría aun más caro: entre el 5% y el 20% de ese PIB. En la misma línea, el profesor Ramón Folch, experto en socio-ecología, es contundente: El cambio climático no es tanto un problema ambiental como un problema económico.
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Cuando se derritan los 30 millones de km³ de hielo (más o menos) que hay en los polos, el nivel del mar subirá dos o tres metros, lo cual no es mucho. En periodos geológicos anteriores el mar ha sufrido oscilaciones mayores… pero en aquella época no había puertos (como Algeciras o Huelva) que hubieran tenido que paralizar su actividad.
Los modestos 2ºC que ha aumentado la temperatura en menos de un siglo tampoco deben asustar a nadie. No son nada si lo comparamos con las glaciaciones cuaternarias… si no fuera porque este incremento va a trastocar por completo las actividades industriales en las que la meteorología incide grandemente, como el tráfico aéreo o la pesca.
El descenso publiométrico esperado de 50 litros/m² tampoco merecería mayor atención, eso sí, siempre que fuera en zonas con un índice de 800 l/m² ó más. No les afectaría. Pero en zonas subtropicales, como la nuestra, que las lluvias bajaran a 450 l/m² supondría que el centro del desierto del Sahara podría desplazarse hasta Grazalema. Un verdadero desastre para la agricultura o el turismo.
Para no seguir generando caos ambiental y agotando los recursos que quedan, las empresas y particulares deberíamos tomar conciencia de que el concepto de “éxito económico” debe ser redefinido. Hay que dejar de producir como lo hemos hecho hasta ahora y hacer que lo importante sea contener la demanda, mejorar la eficiencia transformadora y usar recursos renovables. Con lo que sabemos ya, nadie debería especular sobre cómo empezar a parar ese tren que un día se puso en marcha.