"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
Debe haber quién aún recuerde una película de Lazaga titulada “Los tramposos” (1959), que arrancaba con Tony Leblanc y Antonio Ozores tangando a un cateto frente a la estación de Atocha. “La estampita” es un timo que aún se da pero que bajó muchos puestos en el ranking de los robos con engaño gracias a la difusión que recibió con la película. Y es que la mejor arma para luchar contra los fraudes es divulgar su operativa.
Pues salvando las distancias, una de las estafas más en boga en Internet es el llamado Phishing, que proviene del término fishing, pesca en inglés. Consiste en “pescar” los datos confidenciales de su cuenta bancaria o tarjeta de crédito con señuelos cada vez más sofisticados.
Lo más común es que usted reciba un correo electrónico con la apariencia de provenir de su banco. En ese mensaje se le pide que confirme sus datos, introduciendo las claves que usted usa para operar (incluyendo la palabra secreta o password). Normalmente, se le conmina a hacerlo con suavidad so pena de ver su cuenta bloqueada o mal similar. Si usted pica el anzuelo y da esos datos confidenciales (ningún banco, ninguno, jamás, le pedirá que haga tal cosa por correo electrónico ni por teléfono), en cuestión de minutos, los timadores vaciarán su cuenta usando las claves que usted les ha proporcionado.
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Pero los malos no son tontos y saben que el dinero que sale de su cuenta no puede ir directamente a la de ellos, que suele estar en el extranjero o ser virtual. Es preciso dar un paso previo, para lo cual necesitan realizar otro fraude. Se trata de reclutar muleros (término tomado del mundo de la droga), que son los que sacan el dinero de España. Para ello, envían nuevos correos masivos ofreciendo trabajo bien remunerado realizable desde casa. Una vez captado, el mulero recibe en su cuenta corriente la transferencia que viene desde la del timado. Ahora él, a cambio de una sustanciosa comisión (10%-20%,), debe transferir a la cuenta de los timadores, radicada, digamos, en un banco de Moldavia. Se cierra así el ciclo y la policía lo tiene complicado para seguir la traza de los delincuentes. El problema de los muleros es que no suelen saber que incurren en el mismo delito como colaboradores necesarios.
La Red es una fuente de información inagotable y un instrumento barato y eficiente de comunicación. Pero conviene mantener cautelas razonables a la hora de suministrar información personal. Los estafadores han llegado a tal nivel de sofisticación en sus engaños que no siempre podemos estar seguros de quién es nuestro interlocutor en un correo, en un chat o en un foro. Y ante eso, mejor no jugar. Al menos con el dinero.