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Imprimir en 3D (08.May.07)

Archivado en El Decodificador • Fecha: 08-05-2007 01:01:12

"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.





Hace unos años, pocos hubieran creído que hoy tendrían una impre-sora láser en su casa u oficina. Mucho menos, imaginaban que con ella podrían imprimir, en cuestión de segundos, varias páginas en color con calidad fotográfica. Aquel escepticismo tenía tres razones: la necesidad (ni editábamos fotos ni escribíamos textos con apariencia profesional), el precio (¿quién iba a pagar los 5.000€ que costaban los primeros modelos?) y la tecnología disponible.
Pues mientras nosotros hoy escaneamos e imprimimos como virtuo-sos, hay quien tiene ultimada la tecnología para sacar al mercado las impresoras en tres dimensiones (3D). Algo parecido a lo que decía el personaje de Star Trek: “Beam me up, Scottie” (que aquí se tradujo por “¡Teletransporte!”), con lo cual el fulano de las orejas de pico desapare-cía de un sitio y se reconfiguraba físicamente en otro.
Así, si precisas un tenedor o pierdes la tapa de plástico del móvil, podrás buscar una igual en Internet, escanearla, imprimirla y usarla. Por no hablar de ver cómo te quedan esos zapatos italianos que has vis-to en una revista o de regalarle una muñeca Barbie a tu hija con la cara de su abuelita de joven (o sea, tu suegra).

Las impresoras en 3D están en el mundo desde hace una década, fundamentalmente dedicadas al diseño de piezas industriales. Cuando salieron, tenían precios prohibitivos (100.000€), pero conforme su uso se extiende y la tecnología se desarrolla, los precios bajan y asistimos a un proceso de socialización de tecnología archiconocido en la historia reciente. Cuando su coste sea asequible, el mercado se abrirá a “no in-genieros”, como coleccionistas, decoradores o protésicos dentales.
Estas máquinas funcionan moldeando objetos a partir de partículas de un determinado material, exactamente lo mismo que las impresoras convencionales crean letras e imágenes dibujando puntos muy peque-ños de tinta o tóner. Actualmente existen varios fabricantes, cada uno de los cuales usa una tecnología diferente. Hay quien imprime las pie-zas moldeando polvo de nylon con una lámpara halógena. Otros crean los objetos a partir plástico líquido al que se da forma con calor y la otra vía es usar el láser para endurecer polímeros líquidos.
El caso es que todos estos prototipos, por ahora, producen objetos de bordes bastos y un nada atractivo color gris. El nacimiento de esta nueva tecnología recuerda demasiado al de las actuales como para ne-gar que en poco tiempo pueda haber una en cada casa. Algunos pueden opinar que es más fácil comprar una nueva rejilla para el friega platos que imprimírsela en casa, aunque veremos qué piensan cuando el pre-cio de estos aparatos (“¿Otro trasto más?”) baje lo suficiente.

Escrito por Quintin de Parma
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