Artículo de Pablo Jauregui aparecido en la sección Natura de El Mundo del 12.May.07
"El Dr. Bonobo y Mr. Chimpancé"
El Homo Sapiens es una extraña criatura impredecible, capaz de entregarse a los demás con una generosidad ilimitada, pero también de humillar, torturar y ase¬sinar de la forma más aborrecible. Ani¬males humanos fueron San Francisco de Asís, Mahatma Gandhi y la Madre Teresa de Calcuta, pero también Adolf Hitler, Joseph Stalin y Pol Pot. Como el dios Jano de la mitología romana, somos seres bi¬frontes con rostros opuestos, y de la misma manera que el Dr. Jeckyll y M. Hyde de Robert Louis Stevenson, somos ca¬paces de lo mejor y lo peor. En la tradición filosófica euro¬pea, estos dos extremos de nuestros comportamiento han dado lugar ados visiones enfrentadas de nuestra naturaleza: por un lado, la del Homo homini lupus («el hombre es un lo¬bo para el hombre») de Thomas Hobbes, para quien es nece¬sario un Estado fuerte capaz de domar los peligrosos instin¬tos de la bestia humana; y por otro, la del bon sauvage (“buen salvaje”) -de Jean Jacques Rousseau, una criatura inocente y noble en su estado primitivo a la que ha perverti¬do la civilización. ¿Cuál de estas dos visiones es correcta? Sin duda ésta es una de las preguntas más antiguas y com¬plejas que se han hecho los miembros de nuestra especie so¬bre sí mismos: ¿es la naturaleza humana esencialmente al¬truista o egoísta, pacifica lo agresiva, bondadosa o cruel?
Frans de Waal, uno de -los primatólogos más prestigio¬sos del mundo actual, acaba de presentar una innovadora respuesta a este viejo dilema en “El mono que tenemos dentro (editorial Tusquets), un libra fascinante que acaba de llegar a las librerías españolas. Quizás un título más fiel a su contenido sería “Los monos que llevamos dentro”, ya que la tesis central del libro propone qué el animal humano ¬es una simbiosis de dos primates muy diferentes, con naturalezas radicalmente distintas. Por un lado, esta¬mos claramente emparentados con el chimpancé, un simio tribal que suele ser muy solidario con los miembros de su propia manada, pero es capaz de volverse extrema¬damente agresivo, e incluso, mostrar tendencias genoci¬das, con los enemigos que amenazan su territorio. Al mis¬mo tiempo, sin embargo; también somos familia de los bonobos, los llamados primates hippies, animales pacífi¬cos que literalmente prefieren hacer el amor y no la gue¬rra. Cuando surge un conflicto, estos simios eliminan la tensión con apasionados frotamientos de genitales sin discriminaciones de sexo. De hecho, jamás se han obser¬vado matanzas entre bonobos, mientras que se conocen muchísimos casos de brutales combates a muerte entre chimpancés machos, e incluso de infanticidio.
Los humanos, concluye De Waal, somos primates bipola¬res: llevamos dentro las tendencias agresivas del territoria¬lismo chimpancé -como demuestran todos los días las san¬grientas matanzas en nuestras guerras o los ataques salvajes de los grupos terroristas-, pero también mostramos el paci¬fismo característico del bonobo, reflejado en nuestras masi¬vas manifestaciones antibélicas y los múltiples movimientos de voluntarios sin fronteras que entregan su vida para ayu¬dar a los más miserables de la Tierra. El hombre no es, en definitiva, aun lobo para el hombre» (¡menuda calumnia pa¬ra el lobo!), sino un peculiar híbrido del chimpancé y el bonobo que, como el citado personaje de Stevenson, puede ser Jeckyll o Hyde, ángel o demonio, para sus semejantes.
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