"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
No sé si decir que todo el mundo sabe quién es el hombre más rico del mundo, pero sí me atrevo a ser rotundo afirmando que no tantos por aquí conocen al segundo de la famosa lista Forbes. Se llama Warren Buffett y el Wall Street Journal opina que es el financiero más influyente de los Estados Unidos. Hace ahora 28 semanas, recogimos en esta columna una de las originalidades en las que Buffett convierte casi cada cosa que hace. Fue aquello de legar toda su fortuna a una fundación cuando muriese, en concreto a la fundación del hombre más rico de la tierra. El hombre está convencido de que el dinero no debe pasar de una generación a otra.
A diferencia de otros casos de “vidas ejemplares” en este mundillo, Buffett es hijo de rico, se educó en las mejores universidades y salió adelante rapidito y sin rasgones en el traje, lo cual no es bueno ni malo, es simplemente un hecho.
Hoy, a punto de cumplir 77 años, sigue gestionando sus 70 empresas a través de Berkshire Hathaway, un holding valorado en 130 mil millones de euros. Con tiempo y tranquilidad (como sólo lo hacen los buenos) ha incluido entre sus tareas la de elegir al ejecutivo que habrá de sentarse a su mesa cuando él ya no vaya por la oficina. Y… genio y figura, la selección de tal lumbrera no está pudiendo ser más original: le dará el puesto al que mejor gestione una cartera millonaria… real.
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Para ello, ha organizado una especie de “Operación Triunfo” del management con la que busca a la Rosa de España de las finanzas. De entre 700 candidatos, se ha quedado con cuatro. Buffet apenas limitó el perfil del puesto cuando los preseleccionó: le da lo mismo la nacionalidad y el sexo, lo único que exige es que sea joven y que quiera estar “mucho tiempo” en la empresa. Los cuatro finalistas han sido contratados temporalmente por un salario fijo “bajo”, en concreto, 75.000 euros, si bien recibirán un porcentaje de las ganancias que generen.
A cada uno de estos finalistas le ha asignado una cartera de entre 3 y 4 mil millones de euros. Los observará trabajar durante unos años, y al final, se quedará con el mejor. O con el que más le guste, lo cual puede o no ser lo mismo en estos asuntos tan resbaladizos de la selección de personal.
Pero el detalle interesante es que la elección final no recaerá en el que más ganancias consiga para la empresa, sino en el que mejor evite los riesgos innecesarios. Los riesgos innecesarios. Es curioso el valor que a ese concepto otorga un hombre que se ha movido toda su vida —con tanto éxito— escogiendo a diario entre las dos variables básicas de lo financiero: riesgo o rentabilidad. Si yo fuera estudiante de finanzas, dedicaría este verano a analizar el detalle.