"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
Paul Wolfowitz es ahora conocido por ser el dimisionario presidente del Banco Mundial (BM) que va con tomates en los calcetines. Fue en enero cuando los periodistas cazaron sus dedos gordos al aire, al descalzarse para visitar una mezquita turca. La foto ha dado la vuelta al mundo mientras la mayoría de nosotros trata de explicarse cómo una persona en ese cargo, con ese salario, puede ser tan zarrapastroso y descuidado.
Pero este licenciado en matemáticas, doctor en políticas, ex profesor de Relaciones Internacionales, ex embajador con Reagan, ex subsecretario de Defensa (número 2 del Pentágono) con Bush y, desde junio de 2005, presidente del BM por unanimidad de los 185 países miembros, no pasará a la historia por sus tomates, sino por algo bastante peor: por subirle el salario a su novia con la desmesura del que ama. Del que debe estar loquito de amor.
Shaha Riza, una alta funcionaria del BM con la que empezó a salir al poco de tomar posesión, recibió subidas que llevaron su salario hasta los 143.000 euros anuales libres de impuestos, es decir, un 46% más de lo que ganaba cuando Wolfowitz la conoció, o lo que es lo mismo, más del doble de lo que dictan las normas de la institución. Para hacernos una idea, Shaha gana ahora más que un ministro de Bush.
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Si este caso fuera un paradigma, tendríamos que concluir que por mucha experiencia y neuronas que uno atesore, se puede llegar a perder el norte por una mujer (sea cual sea su sexo de usted, si lo desea, puede cambiar lo anterior por “perderlo por un hombre”) hasta terminar con el prestigio tocado y tener que dar sus paseos con las orejas gachas.
Pero cuesta trabajo imaginar cómo alguien, por fuerza lúcido y maduro (los próximos que cumpla serán los 64), que ha sido capaz de lidiar con responsabilidades como las mencionadas, se le ocurre hacer tal cosa. Tiene que haber algo que no ha salido a la luz, algo opaco e impreciso detrás de este despido. No puedo creerme que Wolfowitz, por más tomates que calce, salga del BM a causa de una desmesura galante.
Cuando alguien comenta la actuación o la actitud de otra persona recitando un refrán se arroga la sabiduría que suelen contener esas frases antiguas. Cuando mi madre era aún más joven y quería aparentar un conocimiento de la vida que aún no tenía, soltaba refranes. Tenía uno muy bueno que sería aplicable a una situación como esta: “Si una mujer te pide que te tires por un balcón… hijo mío, pídele a Dios que sea bajito”. A lo mejor es que la “lucha contra la corrupción”, bandera que enarboló Wolfowitz a su llegada al Banco Mundial, va a resultar ser, por lo menos, un ático.
Caroline de Beauregard — 29-05-2007 12:09:43