"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
Muchos entendemos que decir “autónomo” es nombrar a ese profesional que trabaja en una empresa que adopta la forma de su cuerpo y cuyos planes a corto, medio y largo son las ideas que ahora mismo le acucian en su testa. Si uno quiere subir nota, puede añadir que su más curiosa peculiaridad consiste en no caer nunca enfermo.
Pues no. Se ha desvelado que el tiempo que pasan de baja laboral los trabajadores autónomos españoles es tres veces mayor que el de los trabajadores asalariados por cuenta ajena. La media de 85 días que duran las bajas de los autónomos es realmente alta, y coincidirán conmigo en que el dato a secas resulta sorpresivo. Se atribuye esa mayor duración a que gran parte de las mismas tienen su origen en accidentes laborales y enfermedades profesionales para las que estos profesionales, en general, no tienen cobertura.
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A diferencia de los trabajadores por cuenta ajena, cuya cotización a la Seguridad Social es obligatoria y por todos los conceptos, el autónomo sólo está obligado a cotizar la cobertura por incapacidad por enfermedad común, es decir, es voluntario suscribir la cobertura por las dolencias llamadas profesionales. La razón es tan simple como que la cuota mensual “les sube mucho”, por lo que la mayoría se conforma con cotizar el mínimo y aplicar la teoría del antílope africano: que el león se fije en otro ejemplar de la manada, que para eso somos muchos, o mejor aun, que se fije en una cebra.
Además, esta situación deja fuera de cobertura las enfermedades o accidentes producidos “in itinere”, es decir, en el camino al trabajo. Es difícil creer que en 2007, en esta desbordada sociedad del bienestar que es capaz de meterse hasta en los más estrechos resquicios del cuidado debido a nuestra salud (“no fume, no beba, respire, ahora tosa, así…”), que el autónomo que va con su furgoneta de mi casa a la de usted y de allí a su taller, para volver a empezar la ronda, no esté cubierto como lo está el que trabaja en una sociedad anónima o limitada, pública o privada cualquiera.
El Senado aprobó ayer el proyecto de Ley del Estatuto del Autónomo. Con él se pretende poner coto a “situaciones de desprotección y desatención” que son hoy comunes entre los tres millones de profesionales que cotizan bajo esta modalidad. Esperemos que esta ley siente las bases para que muchos entiendan que tan importante y necesario es asegurar la furgoneta como el taller, pero que no lo es menos asegurar el propio cuerpo, que además, y en este caso, es la herramienta de trabajo.