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"A una estatua cualquiera" (Mª Fernanda Trujillo)

Archivado en Amigos escritores • Fecha: 02-07-2007 21:25:43

Es verdad que la fisonomía de nuestras ciudades tiene que sufrir transformaciones para el uso y disfrute de todos. Pero no es menos cierto que muchas veces los ciudadanos ¿o he de decir políticos? suelen tener mala memoria...










La mañana que el alcalde se inclinó ante su pedestal
con la ofrenda de un ramo de rosas,
la muchacha de mármol llegó a pensar que el Tiempo
le pertenecía sólo a ella.
Y creyó tocar el cielo.

Desde aquel día, los pájaros estrenaron cantos
que nadie más conocía,
los niños jugaron a su alrededor,
y los enamorados se rodearon la cintura
con juramentos de amor para siempre.

A partir de entonces,
la sombra de los árboles se hizo espesa,
y llegaron más aves,
y más trinos,
y los ancianos se sentaban
frente a la estatua de la reina
cuyo nombre ni ella misma recordaba.

Y volvía a tocar el cielo,
con los brazos abiertos,
señalando el horizonte
a la par que el crepúsculo escarchaba las horas.


Una noche, mientras el sueño traicionaba las conciencias,
la grúa municipal la arrancó de su peana
y apagó el grito
que ni siquiera el Tiempo fue capaz de reprimir.

Ahora, en la glorieta
donde antes trinaron los pájaros,
jugaron los niños,
se acaramelaron los enamorados,
y hallaron descanso los mayores,
un aparcamiento subterráneo engulle las filas
de los coches que no terminan nunca;
el ruido invade las aceras
y el sol se hace metálico en las fachadas
de los rascacielos vecinos.

Y cuando la reina de mármol yace arrumbada
en un almacén, cuyo plano
nadie ha visto nunca,
y ya no toca el cielo,
ni nadie sabe de horas ni algaradas,
una telaraña anuda sus dedos enmohecidos
que no señalan a ninguna parte.

Escrito por Figaro
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