"El Descodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
La almeriense Rosa García Malea vino al mundo veintiún días antes de que el coronel Tejero —en compañía de otros, que lo dejaron tan solo— amagara una estocada contra el flanco más delicado de la democracia que, por entonces, con tanta ilusión nos estábamos inventando aquí.
Hoy, este verano, Rosa se ha graduado como “pata negra”. Entre los aviadores españoles, un “pata negra” es un alumno de la Escuela de Reactores del Ejército del Aire, un piloto de combate. Eso que gracias al cine foráneo —que tanto influye nuestra forma de hablar— todos conocemos como un “Top gun”. A esa escuela sólo acceden los mejores tras una criba de cuatro años en la Academia de San Javier. Y los mejores siempre son pocos, justo aquellos a cuyas manos el Estado confía aviones que cuestan 30 millones de euros, como el F-18 Hornet (avispón), el mismo que vuela esta teniente que ya forma parte de la historia de la aeronáutica española.
El ejército es una organización compleja donde se disponen recursos humanos y materiales para alcanzar unos determinados objetivos respetando unos valores concretos. Nada diferencia a nuestro ejército del siglo XXI —qué lejos queda el de Tejero— de las más sofisticadas empresas mercantiles. Ni siquiera los profesionales que en él prestan sus servicios, como Rosa, una piloto de combate de esas que, luego, en las misiones internacionales a las que acudimos, son reconocidos y respetados por colegas de países aeronáutica y militarmente mucho más potentes que el nuestro.
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Quizás dentro de muchos años —puede que no tantos— no tengamos que glosar las hazañas de mujeres que hacen algo por primera vez en la historia. Pero esperemos que no sea porque la historia se haya terminado (“España se acaba”, que decía el taxista) o porque las que se hayan extinguido sean las mujeres profesionales, por las artes —o las malas artes— de algún iluminado que no entendió del todo bien lo que significa el buen talante de los que preconizan la “Alianza de Civilizaciones”.
Hagamos votos para que cuando dejemos de hablar de los logros de mujeres como Rosa sea porque tales noticias formen parte de la cotidianeidad, porque ya las hayamos visto en todos los puestos de trabajo posibles y porque, por fin, el equilibrio y la equidad entre sexos sean la norma y no la excepción entre todos.
Y al decir “todos” me refiero en particular a los que están encantados de que por esta parte del mundo nos entretengamos con la Alianza de Civilizaciones, mientras ellos se empeñan en otra idea conceptualmente mucho menos compleja: la Guerra Santa, de la que Rosa García Malea está tan lejos y a la vez —por la profesión que ha escogido— tan cerca.
Caroline de Beauregard — 18-07-2007 08:08:44
Abatantuono — 18-07-2007 09:02:05
Melillero — 02-08-2007 14:00:07