
Reportaje publicado por Luis Miguel Rufino en RDO (Revista del Domingo), suplemento dominical de los ocho periódicos del Grupo Joly).
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TRAS haber vivido la intensidad de la madrugá, con el desayuno del Viernes Santo se entra en el sosiego que conceden los fines de semana generosos. Pero la quietud se rompe al conectar el televisor. Una música casi olvidada suena cuando la pantalla es aún un cristal negro. Trompetas y tambores con un ritmo urgente. El plano medio de una chica vestida con el uniforme de la Legión se ilumina en el centro. Se mueve muy rápido. No mide más de un metro sesenta y su cara refleja la máxima concentración. Sostiene un fusil contra su hombro y bracea en la última fila de una formación de setenta hombres. Se trata del resumen de la tradicional participación de la Legión en el desfile procesional del Cristo de la Buena Muerte de Málaga. ¿Mujeres entre los novios de la muerte? Es difícil abstraerse de las imágenes rancias que del Tercio guardamos la mayoría: la hechura manca y tuerta de su fundador, canciones briosas con letras descarnadas, camisas abiertas, barbas y tatuajes de hombres a los que no se les peguntaba por su pasado… ¿Qué había cambiado en la fuerza más legendaria y feroz del Ejército español para que aquella chica tuviese cabida allí?
Credo y valores. “Nos adaptamos a los tiempos –dice la dama legionaria de primera Carla Merino– pero no perdemos de vista nuestra historia. El espíritu del Credo legionario sigue vigente. No hay que leer sólo la letra sino atender a lo que esas palabras simbolizan. Son valores que no envejecen, como el compañerismo, la autoexigencia o la iniciativa. El que quiera quedarse con la anécdota del culto a la muerte pierde su tiempo. ¿Está desfasado decir que nunca abandonaremos a un compañero, que no nos quejaremos de cansancio o que he de hacer bien mi trabajo? Si le quitásemos eso a la Legión, seriamos una unidad de infantería más… Y no lo somos”.
La Legión es un cuerpo bien diferenciado desde su fundación gracias a las normas contenidas en su Credo, la guía ética que inspira su actuación y su convivencia. Sus 12 puntos se basan en el Bushido, el código de los samuráis que, salvando las distancias culturales, podríamos asimilar a los caballeros medievales europeos: gente de honor entregada al oficio de las armas movidos por un ideal elevado. Sorprende que ninguno de los puntos del Credo haya sido modificado desde 1920, tal como lo han sido otras normas en las Fuerzas Armadas.
“Para opinar hay que conocer –afirma la cabo primero Ester Pachón– y la mayoría de la gente no sabe qué es la Legión. Quizás tenga que ver con los orígenes, cuando venía mucha gente marginal. Arrastramos nuestra historia para lo bueno y para lo malo. La Legión ha cambiado mucho, pero muchos españoles no lo saben”.
Primeras mujeres. La primera mujer legionaria fue la teniente médico Pilar Frutos, que ingresó en 1990. En aquella época, la única manera de acceder a filas era a través de los Cuerpos Comunes (Sanidad, Jurídico y Administración). Posteriormente, se permitió la incorporación al resto de unidades. La primera profesional de la armas en la Legión fue Consolación Trinidad, en 1999.
Merece ser remarcado que, a diferencia de lo que ocurre en otros ejércitos en los que la presencia femenina tiene una larga tradición –como el estadounidense–, el nuestro no pone restricción alguna para que ellas puedan formar parte de las unidades más duras y exigentes, como la Brigada Paracaidista, el Mando de Operaciones Especiales o la propia Legión.
Mujeres hoy. La alférez Lolimar González es una mujer de trato exquisito que al sonreír enseña unos brackets que acrecientan su aspecto juvenil. Irradia autocontrol: “Los oficiales apenas gritamos. Gritan más los sargentos, pero es que no siempre es fácil organizar a 50 hombres”. Lolimar manda una sección de morteros pesados en las Fuerzas de Acción Rápida. Ha elegido Almería para vivir en dos ocasiones. La primera en 2000, cuando ingresó como dama legionaria (soldado sin graduación) en este acuartelamiento de Viator. La segunda en el verano del 2005, cuando se licenció como oficial en la Academia de Infantería. No tiene dudas de que sus experiencias más intensas las ha vivido en las misiones en el extranjero: "En Irak fui como dama legionaria y las cosas se veían muy diferentes a cuando estuve en Afganistán, ya de alférez. No tiene nada que ver cuando, además de pensar en ti misma, vas preocupada por la vida de tus hombres. En ambos destinos tuve que patrullar por zonas peligrosas, con el seguro del arma quitado y el dedo en el gatillo, porque en la Legión se enseña con el ejemplo, por eso, un mando de la Legión nunca dice ¡adelante! sino ¡seguidme!. Hay una diferencia”.
Forma física. Como cuerpo de élite, la Legión exige a sus miembros una óptima forma física, para lo cual practican deporte a diario y deben superar un examen de aptitud física al año. “Los francotiradores de Sarajevo -afirma el general Díaz de Villegas- sabían que disponían de un tiempo para acertar al que cruzara el bulevar. Cuando había que patrullar por allí los francotiradores no hacían diferencias. Tiraban al lento. En el Ejército es necesario que, tanto mujeres como hombres, superen unos mínimos físicos".
La sargento Purificación Expósito forma parte del equipo nacional de pentatlón militar, una prueba donde se mezclan la capacidad deportiva con la pericia en el combate: carrera de campo a través, natación con obstáculos, pista de aplicación, tiro y lanzamientos. Purificación empezó como dama legionaria, pero hace dos años se graduó como sargento de Artillería en la Academia de Suboficiales: “Para hacer las oposiciones aproveché la formación que proporciona la Brigada”.
Son las 8.40 y la mañana es cruda. Da vueltas a la pista de atletismo con varios compañeros. El ritmo de carrera es muy vivo. Apenas jadea cuando se para para a atendernos. También usa brackets. Me cuenta su brillante historial deportivo sin darle importancia: “He sido subcampeona de España de Pentatlón militar en 5 ocasiones y una vez tercera. También quedé décima en el campeonato del mundo. Es una prueba muy sacrificada y no puedo dedicar todo mi tiempo al deporte”.
Entrenamiento militar. En efecto, la sargento Expósito no sólo hace deporte. Dos horas más tarde está en el campo abierto, bajando a la carrera del asiento de un camión que arrastra un cañón Lightgun de 105 mm, 1800 kg de peso y 17 km de alcance. Da órdenes a los seis hombres que se bajan de la parte de atrás. Desenganchan la pieza, extienden un toldo de camuflaje, hincan cuatro palos y con el toldo cubren el cañón y el camión. Aunque ayuda a sus hombres –empujando la pieza, arrastrándola–, tiene tiempo para mirar el reloj varias veces. Por último, suben el cañón a una plataforma para que no se mueva. Cuando todos sus hombres se quedan quietos, ella vuelve a mirar el reloj. Me ha parecido que la eficiencia es absoluta, pero la sargento Expósito les dice: “Tres minutos. Podemos hacerlo en menos”. Entonces vuelve a gritar varias órdenes, y con las mismas, el toldo se arría, el cañón se engancha al camión, todos se montan a la carrera y salen zumbando. A 300 metros, paran y repiten la operación. “Entrenamos a diario para hacer nuestro trabajo sin errores. No podemos fallar cuando de nosotros puede depender una posición o la vida de mucha gente”.
Adaptación. “Al principio –habla la dama legionaria Aroha Llobregat Dionis–, las dificultades fundamentales fueron de alojamiento. Había que construir camaretas para alojar separados a mujeres y hombres, pero sin que estuviesen realmente aparte, porque la tropa era la misma y no debía haber distancia. También estaba el asunto que más llama la atención a la gente: el uso de los cuartos de baño, y no sólo en la base, sino cuando salimos de maniobras a campo. En la actualidad, todo eso se ha superado. De cualquier manera, la mayoría dormimos en nuestras casas y acudimos a la base en horario de trabajo. Los que viven aquí se alojan en camaretas para tres personas”.
“Pero apareció otro problema en el que nadie había pensado –abunda la cabo María Jesús Torres–: en el Ejército no se sabía cómo tratar a una mujer. El mando nos trataba como a hijas y los compañeros como a hermanas pequeñas. Afortunadamente, el tiempo y la costumbre convirtieron nuestra presencia en algo natural. Esa sería una buena definición hoy: natural”.
Embarazos. “El mando es sensible con las mujeres embarazadas –explica Carla Merino– y en cuanto llega el momento en que no puedes hacer tu trabajo militar, te destinan a un puesto más tranquilo. Tras el parto, el niño te lo cambia todo, pero entre las compañeras nos organizamos bien. Por ejemplo, el marido de una cabo se acaba de ir al Líbano y ella va a estar cuatro meses sola. Cada vez que entra de guardia, yo me quedo con su niña. No me lo ha dicho, pero sé que el día que yo lo necesite, ella va estar ahí. Esto tiene que ver con el compañerismo de nuestro Credo. Por lo que oigo, hay mujeres civiles que lo pasan fatal en sus empresas por el hecho de quedarse embarazadas. Aquí es todo lo contrario”.
Quizás la pregunta que surgió viendo aquellas imágenes de la Semana Santa de Málaga pueda tener su respuesta en una frase de la alférez González: “No sé cómo se verá desde fuera, pero desde dentro, la única diferencia que veo es que unos legionarios llevan moño y otros no”.
Pies de las 9 fotos sobre texto principal
Carla Merino, 23 años, dama legionaria de 1ª, 3 años en la Legión. Fusilera de la 8ª Bandera. Casada con un miembro de la escuadra de gastadores. Su hijo Cristián tiene 2 años. Lo dejó en Tarrasa, con la abuela, durante los 4 meses que sirvió en Irak. “La fuerza física no es una diferencia entre hombres y mujeres. Eso se soluciona con maña o con tiempo. La diferencia de verdad está en las ganas de hacer las cosas”.
Ester Pachón, 31 años, cabo primero, cordobesa, 10 años en la Legión. Pertenece al Grupo Logístico. Da clases en la escuela de conductores. En su última misión supervisó el proceso electoral en el Congo. También ha servido en Kosovo e Irak. “Para opinar hay que conocer las cosas y la Legión es una gran desconocida en España. Para alguna gente es más fácil y cómodo hablar apoyándose en simplificaciones y prejuicios”
Lolimar R. González, 30 años, de La Palma, 7 en la Legión, 2 como alférez de infantería. Manda una sección de morteros pesados con 21 hombres a su cargo. Entró como dama legionaria. Gracias a su condición de licenciada en Pedagogía, pudo opositar e ingresar en la Academia de Oficiales. Ha servido en Irak y en Afganistán. “Lo bueno que tiene la Legión es que, al ser una unidad tan disciplinada, es más fácil mandar”.
Purificación Expósito, sargento de artillería, 26 años, cordobesa, 8 años en la Legión. Tiene a su cargo un cañón Lightgun de 105 mm y un pelotón de 6 legionarios. Terminó el BUP sirviendo como dama legionaria e ingresó en la Academia de Suboficiales. Miembro del equipo nacional de Pentatlón Militar. Décima del mundo. 5 veces subcampeona de España: “Es una chica de la Guardia Real que lleva 5 años ganándome, pero este año va a ser distinto”.
Mª Jesús Torres, 26 años, cabo, de Chiribel, Almería, 5 años en la Legión. Pertenece al Cuartel General y lleva la oficina de control del Escalón de Automóviles. Experta en informática. Tiene un hermano y tres hermanas guardias civiles. Se prepara para ingresar en la Academia de Suboficiales. “En mi pueblo son muy antiguos, siguen pensando que la legión es como era antes, pero a mí me encanta mi trabajo”.
Arhoa Llobregat, 22 años, dama legionaria, melillense, 4 años en la Legión. Estudió en la Escuela de Artes y se especializó en serigrafía y autoedición. Actualmente trabaja en Transmisiones. Carga un equipo de comunicaciones de 12 kg. “Me encantó desfilar ante del Rey en Madrid. La gente nos aplaudía y animaba. Para desfilar a 180 pasos por minuto sólo hay que echarle energía y escuchar el tambor”.
Gema Raga, sargento, valenciana, 28 años, 9 en el ejército. La Legión es su primer destino tras la Academia. Especialista en armamento. Miembro del equipo nacional de Pentatlón. Dirige a su pelotón en el circuito de esfuerzo muscular. “La Legión exige buena condición física a sus miembros. No soy alta ni fuerte, pero estoy en mejor forma que la mayoría de los hombres. Es cuestión de trabajo, tesón y sacrificio”.
Raquel Alba, cabo primero, cordobesa, 12 años en la Legión. Actualmente lleva la gestión de personal de la unidad. “A la Legión no la elegí, me la encontré. Yo fui de las primeras”. Sirvió en Bosnia y en Kosovo, atendiendo a la población. “La gente allí estaba muy mal, pero sabía que los españoles, además de ayudar, los tratábamos con cariño. En cuanto veían la bandera, se volcaban con nosotros”.
Elizabeth Hincapié, 22 años, dama legionaria, colombiana, 4 años en la Legión, 5 en España. En la vida civil era puericultora. Dos hijos de 2 y 1 año la esperan en la guardería. Experta en cartografía y responsable de la oficina técnica de mapas. “Mis padres están muy orgullosos de mí”.
Por encima del texto:
Soldados de élite La primera mujer legionaria fue la teniente médico Pilar Frutos, que ingresó en 1990 3 Consolación Trinidad, nueve años después, fue la primera profesional de las armas 3 No hay restricciones para que la mujer acceda hoy a esta fuerza que siempre actúa en primea línea de combate 3 276 mujeres (el 7%) sirven en la Legión en las bases de Ronda (Málaga), Viator (Almería), Ceuta y Melilla 3 Ejercen el mando con naturalidad 3 Gozan de respeto de sus compañeros y se admira su profesionalidad
A la izquierda y arriba del texto:
Son algo más que mujeres entre los ‘novios de la muerte’. La mentalidad de las legionarias de hoy contrasta con la imagen rancia de camisas abiertas, tatuajes y hombres feroces. En el ‘brindis legionario’, una antigua tradición, dicen con soltura la fórmula “los legionarios cumplimos y a las mujeres amamos”. Ellas creen que cambiarlo sería una tontería. Llevan moño y visten el mismo uniforme, que sólo cambia ligeramente durante el embarazo. Desfilan a 180 pasos por minuto, con la misma energía y chulería que sus compañeros.