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"Relato de verano" por Teresa Rodríguez (1 de 3)

Archivado en Amigos escritores • Fecha: 23-09-2007 23:38:35

Presentamos a nuestra nueva amiga Teresa con este relato en tres entregas. Démosle la bienvenida para que le sigan quedando ganas de andar entre arponeros.






“Si te hacen daño una vez la culpa es del otro, si te hacen daño una segunda, es tuya” Esta cita de Anaxágoras condicionó durante algún tiempo el comportamiento de Frida y contribuyó notablemente a aquella noche cuando buscó a Diego con la mirada y le hallase justo en el momento que cogía la mano de Laura, llevándosela a los labios y besándola, de tres zancadas se plantase ante ellos y sin mediar palabra estampase una sonora bofetada en la desprevenida cara de Diego. Laura empujada por esa furia criolla asistió atónita desde el suelo a una monumental pelea que dio que hablar en los días sucesivos.

¿Cómo frenar en seco las palabras antes de que salgan de la boca? ¿Cómo recuperar la calma y la dicha perdidas? Se preguntaba Frida, tarde, como siempre, tarde.

El daño estaba hecho, la represalia servida. De nada le sirvieron las súplicas, ni los suculentos platos que le preparaba. Él los engullía en su estudio, sólo, enfadado.

Y ella seguía afanándose en la cocina, en la casa, limpiando, ordenando, aguardando el momento en que él volviera, su amado perdido, su marido, ahora huido tras el hombre herido. Y como otras veces ocurriese , Diego fue relajando su actitud, alguna palabra le dirigía, alguna indicación le daba y ella las recibía como la brisa fresca en noche de verano.

- Espero recibir recado de Francisco, estaré en mi estudio, házmelo saber inmediatamente.

Toda la tarde Frida aguardó y cuando se disponía a preparar la cena, la campanilla de la puerta sonó en la casa, el tintineo sacudiendo las apidistras del patio, despertando a los pajarillos de sus jaulas, al gato en su cesto y al viejo Nerón acurrucado en su rincón favorito, en el estudio de Diego.

Frida abrió el portón preparada para abrazar a su cuñado Francisco, al encontrar frente a sí a Laura sus brazos abiertos se replegaron, y su sonrisa desapareció.

- He venido a hablar con Diego. ¿Puedo pasar?

- No, dime a mi lo que quieras decirle. Está muy ocupado. No se le puede molestar cuando está en su estudio.

- Frida, traigo muy malas noticias. Su hermano, Francisco, ha ocurrido una tragedia.

Inmediatamente acudió a su mente el recuerdo de la pesadilla de la noche pasada y creyó comprender.

Laura le tendió sus brazos y ella se dejó abrazar.

_ Frida, Frida, despierta, ¿no oyes que están llamando a la puerta?

Se levantó sobresaltada de la silla del patio donde se había quedado profundamente dormida, tardó unos minutos en darse cuenta que aún nada había ocurrido, dirigiéndose a abrir. Aún se oía la campanilla e igual que en su sueño los pajarillos desde sus jaulas revoloteaban y cantaban. Nerón ladraba.

No dijo una palabra a Diego, éste volvió de nuevo a su estudio y ella angustiada, abrió. Y abriendo el portón su angustia desapareció, su cara se iluminó. La alegría la invadió por entero, abrazando con todas sus fuerzas al recién llegado.

- Me vas a asfixiar, bromeó Francisco.

- Estoy tan contenta de verte, no te imaginas la falta que haces en esta casa, ahora más que nunca.

- Estoy enterado de vuestra pelea. No será para tanto. Estás un poco loca, ¿ y que? Los artistas sois así. ¿Acaso mi hermano no lo está? Imagino lo que debiste sentir al verlos juntos. Esa Laura es muy peligrosa. Él se lo buscó. Si no te hubiera traicionado. En fin, es agua pasada. Si no os quisierais tanto no seguiríais juntos. Mi hermano tiene mucha, muchísima suerte de tenerte.

- Yo si que tengo suerte mas que por quererle a él, que a veces creo que es más una maldición por tenerte a ti de mi lado, que eres el hombre más bueno que conozco y dándole un beso en la mejilla añadió y el más guapo de toda Antigua.

Mientras Francisco se dirigió al estudio, dónde aguardaba su hermano, Frida entusiasta, preparó la habitación de invitados, cocinó empanadas criollas de carne, comprobó que había vino suficiente en la bodega. Contenta, pletórica de energía sintió la necesidad de pintar.

El sol no se había puesto todavía. Se encerró en su habitación. En la alcoba amplía, de grandes ventanales, al lado del vestidor, en la zona más iluminada, su caballete la esperaba hacía tres días. Cogió el pincel, decidida, aplicándole una generosa capa de rojo bermellón. Sus dedos certeros se movían ágiles y rápidos. Los pinceles cambiaban sus formas y tamaños, los colores se sucedían. La alcoba inundada por los olores de los pigmentos cobró vida. El caballete rebosando de contento sosteniendo ahora la pintura creada. Al cabo de una hora el parto había terminado. Los pinceles reposaban ya en sus cajas, limpios, exhaustos por el trabajo realizado. La madre contempló por primera vez a su hijo. Era hermoso. Sonriente, se dispuso a refrescarse y cambiarse para la cena.



Hay mucha humedad aquí. Me duelen los huesos. Tengo miedo. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? ¿Dónde estarán? ¿Por qué no vienen? Espero que no sea una rata esa cosa oscura que se mueve. Es pequeño, una cucaracha seguramente. Me repugnan. Me dan más asco las ratas. Me duele la cabeza. Tengo un chichón. No recuerdo. Huelo mal. Estoy confusa.

Al sentarse en un banquillo de madera, sus ojos más acomodados a la escasa luz pudieron darse cuenta que era, al menos qué podría ser ese espacio reducido dónde se encontraba. Parecía una celda, de una de esas cárceles de las que oyó hablar de niña en el patio de la casa de su padre. Las mucamas se callaban si aparecía ella. Sin embargo alguna vez no advertían su presencia y ella atenta, asustada y expectante escuchaba las terribles historias que circulaban de las Ratoneras, las cárceles creadas por el augusto. El señor Presidente Manuel Estrada Cabrera para disuadir y encauzar a esos harapientos indios quiché, decían ellas.

Esto es una pesadilla, seguro. Despertaré en mi casa. Mi marido estará esperándome. ¿Por qué me duele tanto la cabeza? ¿Cómo puedo salir de aquí? Si grito me despertaré, como otras veces. Me duele la garganta. Tengo frío. Tengo hambre. Es eso, estoy enferma. Atrapada dentro de una pesadilla. Quiero despertar.

No estás soñando. Ya estás despierta. Recordarás lo que ha sucedido.

Oía esa voz dentro de su cabeza. Sabía que era cierto, no quería creerlo. No quería recordar. Tenía la certeza que algo terrible había sucedido, aún más terrible que estar ahí. Debía recordar, reaccionar.

El esfuerzo, el cansancio, la inanición, hicieron mella en su cuerpo y éste se desplomó.

(Continuará)

Escrito por Quintin de Parma
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Comentarios

  1. estupendo y fantástico me quedo esperando la continuación

    macarena — 25-09-2007 19:48:23

  2. Simplemente extraordinario,tita,jeje

    Manuel Jesús — 29-10-2007 21:13:11


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