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"Relato de verano" por Teresa Rodríguez (2 de 3)

Archivado en Amigos escritores • Fecha: 23-09-2007 23:40:40

Segunda parte del relato titulado "Relato de verano".






Francisco y Diego salían del estudio, charlaban animadamente. Era la primera vez que a Diego desde la fiesta, se le veía contento, parecía feliz.

Francisco tenía el don, no cabía duda, pensaba Frida. Se había disipado el enfado, consiguió a los pocos minutos de llegar que su hermano se olvidase completamente del incidente de la fiesta, de la humillación que sintió al ser abofeteado en público. De la tremenda vergüenza que le provocaron los insultos de su mujer.

Ahora, al verla caminar hacia ellos, con su güipil rojo, destacándose aún más sus voluptuosas formas, su generoso y altivo busto, la sensualidad de su boca, la pasión en su mirada, el malestar hacia se había disipado completamente, sintió un irresistible deseo de poseerla. Sonriéndose así mismo, aplazando el deseo, le dio un beso corto en la mejilla. Francisco lo imitó. Y los tres se dispusieron a cenar.

El invitado se retiró nada más acabada la cena y la pareja ya a solas dio rienda suelta a la pasión contenida.

Diego se levantó y tomando a su esposa del talle la incorporó besándola en los labios.
Frida correspondía tierna y apasionadamente sintiéndose devorar por un deseo cada vez más intenso. A duras penas consiguieron llegar hasta la alcoba de Diego, más próxima al salón.

Sobre la alfombra el güipil rojo sin el cuerpo seductor parecía un trozo de tela sin vida. El cuerpo ahora desnudo gozaba en el otro cuerpo, prodigándose caricias infinitas, besos que colmaban la piel, hambrienta de ellos. Poco a poco el hambre iba saciándose, aunque el deseo seguía vivo, y éste seguía nutriéndose. Y después de la alfombra siguieron en la dura cama de Diego y hubo un después y otro y otro hasta que sus cuerpos rendidos cayeron dormidos profundamente.

La luz del sol los sorprendió en la cama templando sus cuerpos desnudos, rendidos aún a la pasión desbordada de hacía unas horas. Frida abrió los ojos posando su mirada en él y sus manos guiadas por el deseo despierto, acariciaron su miembro que despertándose aún antes que su dueño, de nuevo dispuesto a la tarea interrumpida por el sueño.

Y continuaron amándose hasta bien entrada la mañana, olvidados del mundo, ajenos a él. Y éste les sorprendió.

Se oyeron a un tiempo la campanilla de la puerta y aldabonazos en el portón. Gritos de “ abran, abran la puerta o la echaremos abajo “


Frida seguía inconsciente cuando la puerta de su celda se abrió.

Entraron dos guardianes con instrucciones de llevarla a la sala de interrogatorios.

Dándole un puntapié en el costado: “ levántate puta de mierda “

Frida abrió los ojos, adolorida de un costado, intentó incorporarse, cayendo de nuevo.

Con la ayuda del más joven logró levantarse y ponerse de pie.

Confusa, adolorida y asustada se dejó conducir a la sala de interrogatorios.

Caminaba torpemente, agarrada fuertemente por los guardianes a ambos lados. Su melena enmarañada y sucia, su cabeza atormentada de imágenes difusas que no conseguían hacerse nítidas. Sólo había un recuerdo claro y vívido en su mente. La alcoba de Diego.

En la sala de interrogatorios la esperaban:


- ¿Por qué estoy aquí? ¿Dónde está mi marido?

- Las preguntas las hago yo. ¿Dónde tienes escondido a tu amigo Ernesto Bocardino? Ese enemigo de la patria que se hace llamar el libertador.

- No conozco a ese hombre.

- No estoy dispuesto a perder el tiempo, ¿Sabes que les hacemos aquí a las putas embusteras, como tú?- y con un tono más amable prosiguió: “Voy a darte una oportunidad, aprovéchala bien, una hora, voy a darte una hora para que lo medites en tu celda Y llamando al guardia apostado en la puerta dio ordenes para que fuera conducida de nuevo a su celda.

Sentada en su celda semi a oscuras, sucia, maloliente, desesperada, desconcertada y atormentada por la incertidumbre, lloró. Sólo pensaba en Diego. Quería rezar, alejando así los lúgubres pensamientos que ocupaban su mente. En vez de la oración acudieron las palabras de un poema que Francisco aquella tarde ahora tan lejana le recitó:


“ Cultivo una rosa blanca,
De Junio a Enero,
para el amigo sincero,
que me da su mano franca,
y para el cruel, que me arranca
el corazón con que vivo,
ni cardo ni oruga cultivo,
Cultivo una rosa blanca.”


Esto es un castigo. Dios se venga de mí. Ni tan siquiera soy capaz de decir una oración. Soy mala. Soy incapaz de rezar.
Debo estar horrible. ¿Qué habrá pasado? ¿Dónde estarán?
Dios mío apiádate de mi. Debo lavarme. Quiero un peine. Yo conozco a ese hombre. Esa cara me resulta familiar. ¿Por qué me habrán traído aquí? Que espanto de sitio. Debo acordarme de lo que ha pasado. Dios mío dame fuerzas.

- Abran, abran la maldita puerta.

Vistiéndose aprisa, asustados, acudieron ante los gritos. Francisco esperaba ante la puerta sin atreverse a abrirla. Los tres reunidos se miraron incrédulos. Nerón ladraba histérico. El gato corría de un lado a otro. Los canarios como locos pugnaban por salir de sus jaulas, chocando con las puertas cerradas. El suelo comenzó a temblar, los cacharros se agitaban en sus estantes. Apenas tuvieron tiempo de apartarse cuando el portón cayó ante ellos. Una decena de hombres armados también asustados no se decidió a entrar.

Escrito por Quintin de Parma
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Comentarios

  1. me gustan , sabes como mentener la tensión . Tengo que detener su lectura y estoy deseando continuarla

    Esperanza — 24-09-2007 17:20:21

  2. sigue bastante interesante

    Manuel Jesús — 29-10-2007 21:23:54


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