Olvidadas ya casi las vacaciones de verano, superado el tan manido síndrome postvacacional, doy la bienvenida -a regañadientes, tengo que reconocerlo-, al Otoño. Aunque después de todo, la caída de las hojas, la lluvia, tienen un nosequé...
Otoño
Da lástima pisar las hojas que el otoño destila,
las que se esforzaron
por aliviar el estío y cobijar frágiles nidos
sobre ramas que se multiplicaban sin descanso,
como redes espléndidas.
Ahora que las cepas están solas,
y a merced del aire que les gana la batalla,
advierten cómo aquéllas se tornan yermas, terrosas,
hasta crujir bajo los pies
si yo me decidiera a pisarlas.
Y me dan lástima.
Hoy quiero pensar que el sacrificio no fue estéril,
o que esas hojas serán humus
que fertilice las entrañas de la tierra,
y que será necesario que yo las someta
para hundirlas más allá de las raíces,
y lograr que su sangre rebrote, verde,
a pesar de otro invierno.
Para que la sombra del árbol me guarde, más allá del tiempo,
del inclemente sol de mediodía.
Rosita Fraguel — 27-09-2007 11:23:31
Esperanza — 28-09-2007 21:15:21
lanobil — 30-09-2007 12:20:20
Mª Fernanda — 06-10-2007 01:51:40