Por si alguien aún no lo sabe, la pareja que se besa en esta foto son dos terroristas de la ETA. Se besan así dentro de la “pecera” de cristal blindado en la cual asisten al juicio en el que se ven las causas que se les imputan.
No estoy seguro de que sea una muestra de amor mutuo, más me suena a que sea un desafío (otro) a las instituciones del Estado Español fascista y opresor que tanto les ha hecho padecer a ellos, honrados defensores de las libertades de su patria inventada.
Un buen periodista, Antonio Lucas, publicaba ayer en El Mundo, en su mínima sección “La ventana”, el siguiente comentario contra esta foto:
LA VENTANA / BESOS NEGROS (Antonio Lucas)
Han hecho de la historia reciente un inmenso matadero. En 1995 volaron a seis currelas en Vallecas. Tienen la testosterona maleada por el óxido de las parabellum y defienden esa idea de patria que sólo es un puñado de tierra necia. Los etarras Ainhoa Múgica y Antonio Olarra, los del muerdo en el juicio, forman parte de la mística nacionalista que confunde la identidad con la esterilización de la aldea. Gastan gestos tribales y confían en que la sangre licuada del abuelo Sabino venga a redimirles. Este rollo cansa. El mundo es otro. El afán conservacionista de su tribu es el pedernalismo del siglo XXI, el fetiche simplificador, el hacha, la sierpe, el beso negro, con perdón.