"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
La palabra que más gente comprende en el mundo —lo mismo en Burkina Faso, Osetia o Papúa— es “Okey”, la segunda es “Coca-Cola”. Eso nos da una idea de la popularidad de esa marca comercial, pero ¿cuánto vale la marca Coca-Cola? La mejor manera de enterarse del precio de algo es hacer una oferta de compra en firme. ¿Se imaginan? ¿Plantarse en sus oficinas de Atlanta, presentar una oferta y recibir una respuesta afirmativa? ¿De cuánto estaríamos hablando? Es difícil de imaginar.
Además de ser conocida, para una marca es igualmente importante la reputación —buena o mala— que se haya forjado. Por ejemplo, la United Fruit Company llegó a representar la explotación despiadada de Centro América por parte del gobierno de los EEUU. Por el contrario, Body Shop simboliza el comercio respetuoso con la naturaleza y el medio ambiente.
Los creativos que conciben logos e imágenes de marca se esmeran en diseñar formas, en usar colores, con los que forzarnos a asociar determinados valores positivos. Pero lo perseguido no siempre coincide con lo conseguido. El “swoosh”, el logo de Nike, fue diseñado para sugerir velocidad y ligereza. Nadie podía pensar que en determinados ambientes, el estilizado símbolo se llegara a asociar con la lamentable imagen “cani”.
●
La semana pasada, las Juventudes Socialistas hicieron público un vídeo con el que apoyaban la implantación de una asignatura nombrada “Educación para la ciudadanía”. Con independencia de los valores estéticos y creativos que el vídeo posea —sin duda numerables para un sector del electorado—, me quedo con un detalle: los creadores de la cinta usan una marca comercial bien conocida para hacer ver que uno de los protagonistas pertenece a un determinado estrato social, incluso afinan hasta precisar su adscripción política. En concreto, el chico vaina lleva en el pecho una réplica ampliada del cocodrilo de la marca Lacoste.
Puede que los precios de esta ropa francesa resulten prohibitivos para una porción de la población española, incluso puede que su uso se asocie a personas de clase acomodada o con una determinada forma de vivir. Tanto es así que el mayor problema que tienen reputadas firmas como Lacoste es precisamente el de la copia que se vende a bajo precio. La copia que convierte en asequible una marca a quien no puede pagarla pero sí desea asumir los valores que representa.
Cuando el valor de una marca trasciende su mera función diferenciadora en el tráfico comercial —la misma que tienen el envase o el precio— y se adentra en lo social y cultural, se convierte en un apreciadísimo bien, caro, muy valioso, tanto que incluso inspira a los creadores de arte y a los hombres de Estado, ya sean los actuales o los que han de venir a regirnos.
Ultramar — 10-10-2007 00:05:06
Zapatos Marina — 10-10-2007 00:24:43
Caroline de Beauregard — 10-10-2007 16:59:57
Esperanza — 10-10-2007 23:26:27