"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
El “Número de Bacon” es un juego bastante conocido en Norteamérica. Su objeto es unir a cualquier miembro del mundillo cinematográfico con el actor Kevin Bacon (de controvertida valoración) en una cadena de nombres de no más de seis pasos. Por ejemplo: Carrie Fischer hizo la Guerra de las Galaxias con Harrison Ford, que hizo El Fugitivo con Tommy Lee Jones, que hizo Batman Forever con Val Kilmer, que hizo Heat con Robert Deniro, que hizo Sleepers con ¡Kevin Bacon!
Este entretenimiento tan tonto es, más o menos, lo que en el ámbito científico se conoce como teoría de los “Seis grados de separación”, una idea más amplia y seria lanzada en 1929 por el húngaro Frygies Karinthy. Según ella, cada uno de nosotros está conectado con cualquier ser humano en cualquier punto del planeta por medio de una cadena de conocidos que no tiene más de cuatro intermediarios, es decir, seis pasos. A esto también se le conoce como el “Fenómeno del Mundo Pequeño”.
El fundamento es que si cada uno de nosotros tiene, entre familiares y amigos, digamos, 100 personas a las que podría pedirle algo con naturalidad, y cada una de ella tiene a su vez otras tantas, en sólo dos pasos, podríamos acceder teóricamente a 10.000 personas. Esto supone que en seis pasos podríamos alcanzar a la friolera de un billón de personas (doce ceros).
●
En realidad no es una teoría científica pues nadie la ha demostrado matemáticamente. Sin embargo, sí se han hecho esfuerzos empíricos para darle verosimilitud. Como el del psicólogo Stanley Milgram, que en 1976 realizó un curioso experimento: eligió a varias personas al azar y les encargó que, usando su red de contactos, hicieran llegar una carta a un destinatario desconocido por ellos que vivía a varios miles de kilómetros. Sólo les informó del nombre propio, profesión y localización aproximada del recibidor. La sorpresa no fue que casi todas las misivas llegaran, sino que para ello, sólo se necesitaron —de promedio— seis intermediarios.
Es evidente que esta teoría o suposición de los seis eslabones en las redes humanas tiene su utilidad en el mundo de los negocios. Por ejemplo, para encontrar proveedores especializados por el mundo, para crear comunidades de compra y, lo que puede ser de aplicación inmediata a cualquiera: para encontrar un nuevo trabajo (o un nuevo trabajador). Aquella frase tan dicha u oída: “¿No conocerás a alguien de confianza para trabajar de…?”, no es más que el primer eslabón de nuestra red social, la que nos llevará a encontrarnos con nuestro empleado (o empleador) de la manera más natural y al menor coste.
Caroline de Beauregard — 16-10-2007 09:22:18
Flor de Loto — 17-10-2007 17:26:59