"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
Hasta hace bien poco, escribíamos cartas en papel, las metíamos en sobres, les chupábamos un sello y había que llevarlas hasta un buzón. Si queríamos saber las cotizaciones de bolsa, había que comprar un periódico y buscar el indicador moviendo la punta del dedo por la página. Si nos picaba la curiosidad por saber si el oso que se comió al rey Favila tenía un nombre propio, había que tener una buena enciclopedia (de las de “Ocrán-Sanabú”) y buenos brazos para subir y bajar tomos de la estantería.
Y, parodiando la canción, “en esto llegó Internet”. La Red empezó siendo una fuente de información, barata y exhaustiva, que no fiable. A la vez, se convirtió en la más eficiente forma de comunicar a dos o más personas. La tercera característica cayó por su propio peso: Internet es el gran mercado del siglo XXI, un lugar donde compradores y vendedores se encuentran y alcanzan acuerdos comerciales con el mínimo coste, la máxima rapidez y cada vez con más seguridad.
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Parece mentira que una empresa que lidera un sector tenga problemas serios para generar ingresos, pero es que en Internet todo es posible. Es el caso de YouTube (traducible por “TuTuboCatódico” o “TuTele”), el portal para ver vídeos sin necesidad de descargarlos. Esta empresa tiene al 60% de los clientes de su sector (que es más de lo que consiguen juntos los 64 competidores que van tras ella en el ranking) y sin embargo, lo está pasando mal para casar éxito de público y ganancias reales.
Y la razón se esconde tras varias cuestiones tan novedosas como el mercado en donde ocurren. Parece ser que, en general, los usuarios nos negamos a pagar por los servicios que se nos ofrecen en la Red, evitando entrar en sitios de pago y contratando muy pocos de los llamados servicios “premium”. Con ello, la publicidad se convierte en la única vía para generar rentas con la que cuenta unas web. Además, recientes estudios realizados por YouTube indican que los usuarios tampoco aceptamos que el portal cuelgue publicidad mientras vemos el vídeo. Por último, si añadimos las demandas presentadas por los dueños de algunos clips que allí se exhiben (Disney, NBC) por uso indebido de propiedad intelectual, la situación se vuelve realmente complicada… pese al mareante éxito comercial.
YouTube es una bala. Su impacto en el público de todas las edades ha sido tan brutal que resulta paradójico que no sea capaz de ganar dinero. Podríamos estar ante eso que algunos llaman “morir de éxito”, lo cual no es más que una manera como otra cualquiera de morir. Pero no, no ha de ocurrir. Hace ahora un año que Google (otro líder indiscutido en la Red) compró YouTube por 1.650 millones de dólares y no es probable que la deje morir… aunque sea de éxito. Será delicioso ver qué inventan.
álvaro bruno — 29-11-2007 16:53:56