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Modelos (El Decodificador - El Mundo)

Archivado en El Decodificador • Fecha: 18-12-2007 01:01:18


"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.


Entre otras herramientas disponibles e igualmente fallonas, los economistas usamos modelos econométricos para explicar lo que nos subyuga, nos preocupa o —incluso— lo que tiene importancia. Y por ello somos a veces tan criticados, ya se sabe: “Sólo explican las cosas cuando ya han pasado…” Pero más allá del chascarrillo, la razón para apoyarse en modelos radica en el enorme número de variables que influyen en el comportamiento de la realidad social. Fenómenos como la inflación, la demanda o la competencia son difícilmente encajables en la estrechez de una ecuación o en cualquier otro algoritmo matemático, lo que hace imposible explicar por adelantado y con certeza su comportamiento.

Por ello, cuando necesitamos prever estas magnitudes usamos un modelo, que no es más que una simplificación de la realidad en la que se incluyen las variables más importantes y se desdeñan las demás. No estudiamos la realidad, sino algo que se le parece. Así, cuando un economista envida fuerte sobre el futuro (“qué te apuestas a que las casas bajan a mitad de 2008”), o hace trampas porque dispone de información privilegiada o ha caído en la ludopatía.



Se trata pues de predecir. De todas las magnitudes económicas, la más difícil de predecir es el tipo de cambio entre monedas. Ken Rogoff, economista del FMI y profesor de Harvard, realizó un experimento para medir esa dificultad. Cogió el mejor modelo econométrico existente, el más ampliamente aceptado por los especialistas, y simuló con él los tipos de cambio habidos en los últimos 20 años entre el dólar, el marco y el yen. Como control, usó un modelo aleatorio, puramente estocástico, y simuló las mismas paridades en ese periodo. La sorpresa fue que el modelo basado en el azar se acercaba más que el “científico” a las paridades dólar-marco-yen que se dieron durante esos dos decenios.

Así, podríamos sacar la conclusión de que el tipo de cambio depende del azar, lo cual no es verdad. El problema radica en la cantidad de variables que le afectan y que no pueden incluirse en un modelo de simulación. Pero si giramos la tuerca un poco más, el panorama empeora. Un ejemplo es lo que pasa hoy con el tipo de cambio euro-dólar: los expertos coinciden en que el dólar está infravalorado y que ambas monedas deberían estar, más o menos, a la par.

Como se sabe que la variable que más influye en el desequilibrio es el brutal déficit comercial de los EEUU, sería fácil decir que cuando los americanos enjuguen el quebranto, los tipos se equilibrarán. Pero no, no se trata tanto de saber “qué” va a pasar —que ya se sabe— sino “cuándo” va a ocurrir. De lo que hablamos es de predecir el futuro, el mismo asunto que trae de cabeza a la humanidad desde lo más oscuro de los tiempos.

Escrito por Quintin de Parma
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