"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
El día 6 por la mañana, mi sobrino Jaime (10 años) leía un panfleto ante la caja abierta de un Monopoly regalo de Sus Majestades. Me chocó su pregunta: “¿Cuándo un policía normal se convierte en un policía corrupto?”. Aunque nada proveniente de esta generación de niños sobre-informados debe sorprender, inquieto por el terreno que me invitaba a pisar la criaturita, respondí a la gallega: “¿De dónde sacas eso?”. “Aquí, en las instrucciones”.
Vi que el juego, además de contener los avíos que todos conocemos (billetes de diferentes nominales, casitas verdes, hoteles rojos), incluía un DVD con el que jugar ante la tele, supongo que para soslayar el esfuerzo de tirar el dado. Pero no era esa la única innovación que la firma Parker ha hecho a este juego patentado en 1935 por Charles Darrow. Ahora, cada participante tiene que elegir una carta que será la que marque su personalidad durante el desarrollo del juego.
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Y es aquí donde descubro que lo sorprendente no es la chispa de Jaime sino las nuevas normas del Monopoly. A saber, de la Alcaldesa se dice: “Como está sometida a mucha presión para tomar las decisiones correctas, la alcaldesa recibe 300.000 $ cada vez que alguien pase por la casilla Salida”. El “Promotor Inmobiliario” se explica con: “Como ha estado toda su vida en el negocio de la construcción, paga 25.000 $ menos del precio marcado en cada edificio que compre”. Y no menos sustancia tiene la del Jefe de Policía: “Sale gratis de la cárcel cuando cae en ella. Cualquier otro jugador que caiga le paga 50.000 $, aunque él puede decidir si le perdona y le libera”.
Nada en esas definiciones es incorrecto u ofensivo, pero da la sensación de que todo bordea la idea que una parte de la población se ha formado sobre el sector inmobiliario y sobre los perfiles que operan en él: compradores, vendedores, promotores, subcontratistas, notarios, funcionarios, ediles y alcaldes, es decir, todos nosotros en alguna ocasión. En el nuevo Monopoly todo es políticamente correcto, aunque se diga con una pesada carga de “understatement”, la tópica contención británica al calificar u opinar, que expresa poco pero sugiere mucho.
Sería estupendo que el 2008 nos trajera un acercamiento entre cosas tan lejanas como la realidad y la corrección política. Por cierto, hablando de 2008, me tomo la libertad de enviarles a todos ustedes mis mejores deseos de salud y paz, que lo demás, suele venir seguidito y por su orden.
Esperanza — 15-01-2008 23:08:41
Caroline de Beauregard — 18-01-2008 14:08:44