"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

Huir hacia delante es a veces la única salida. Hacerlo hacia atrás sería retirarse, claudicar, dar la opción a que te pasen por encima, y escabullirse por los flancos se asemejaría al mutis de los actores cuando despejan, que todos sabemos que el regreso está tanto en su ánimo como en el texto de la función.
Y en esas ha debido verse Jérôme Kerviel, un joven trader (empleado de una financiera que invierte fondos de la misma con cierto grado de autonomía) que trabajaba para el segundo mayor banco francés —Société Générale— y que, persiguiendo su bonus (su salario variable, una cantidad que se calcula según los resultados obtenidos y que puede superar el salario fijo) se perdió o se desencontró y no supo o no le interesó saber, que cuando uno se pierde, la mejor opción suele ser pararse y pensar. Sin embargo, él decidió seguir, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, tomando posiciones de riesgo para compensar las pérdidas ya consolidadas, hasta que sus jefes le descubrieron el pastel.
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Pero aunque Kerviel no será el último trader que haga mal uso de los fondos que su compañía le confía, lo interesante es que no se ha apropiado —ni aunque nadie lo hubiese cazado— de uno solo de esos 4.900 millones de euros (ochocientos mil millones de pesetas) que conforman el agujero marrón que desde hace unos días luce la Société Générale en su atavío.
Si todo le hubiese salido bien, el dinero le habría llegado de manera indirecta, como sobresueldo, en mínima proporción a lo arriesgado, lo cual hace que el caso no sea tanto el de alguien que busca robar como el de quien no sabe cómo parar la bola que ha echado a rodar.
“Un trader nervioso es un trader muerto” enfatizaba arrogante Tom Hanks —antes de darse el bofetón— en su memorable interpretación de Sherman McCoy, aquel joven tiburón de Wall Street en “La hoguera de las vanidades” (Brian de Palma, 1989), y aunque con menos trascendencia, sobre todo mediática, la huida hacia delante es la estrategia preferida por la empresa mal dirigida o dirigida por nerviosos.
Muchos directivos que las ven venir crudas en esta recién nacida crisis se cuestionan si la opción es parar o seguir. Aunque la pregunta no tenga una respuesta válida para todos los casos, una mayoría opta por el “¡Más madera!”, que decía Quentin Quale (Groucho Marx en “Go West”, 1940), mientras echaban los tablones de los que estaban hechos los vagones al fogón de la locomotora, es decir, mientras quemaban el propio tren en el que viajaban para mantenerlo en marcha.
ESPERANZA — 09-02-2008 20:51:13