"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

Acaba de morir Maharishi Mahesh Yogi, conocido por aquí en los 70 como “el gurú majarichi”, el hombre que llevó a los Beatles —un tiempo— por el camino de la espiritualidad. Sin pretenderlo, les inspiró partes de la pieza más atrevida de su carrera: el Álbum Blanco, y la casualidad hizo que el primer fin de semana que pasaron meditando con él, el representante del grupo, Brian Epstein, se suicidara con alcohol y drogas.
Epstein llevó a los Beatles entre 1961 y ese fatídico 27 de agosto de 1967. Al principio, se cuidaba de que los chicos no estuvieran nerviosos por el dinero y se concentraran en el trabajo. Por eso les ofreció un contrato según el cual, cada uno recibiría 50 libras semanales de por vida (el padre de George Harrison sólo ganaba 10). Si quedaba algo, sería su comisión. Los músicos estuvieron listos: “Gracias, Brian, pero nos arriesgaremos a ganar un poco más que 50 libras a la semana”.
Con los impuestos, la gestión de Epstein no fue muy diferente. Lo contaba Ringo: “Pagábamos 19 chelines y 6 peniques de cada libra (una libra eran 20 chelines) en impuestos. Estábamos muy cabreados. Brian nos propuso una solución: le pagamos a un tipo para que se fuera a vivir a las Bahamas (un paraíso fiscal) donde nos guardaría el dinero libre de impuestos. Al final tuvimos que volver a traer todo el dinero (a Inglaterra), pagar los impuestos, la multa y pagarle al tío igualmente.” La enorme empresa en la que se convirtieron los Beatles pronto le vino grande al malogrado “manager”.
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Los inicios en las empresas son así. Sobre todo cuando los emprendedores son jóvenes y no cuentan con la ayuda moral, técnica o financiera de un mentor. La mayoría de los que han sobrevivido —la mortalidad empresarial en los primeros años es espeluznante— lo reconocen sin pudor: les parece increíble no haber sucumbido entre tanta duda, desconocimiento, “amigo enterado” con buenas intenciones y desaprensivos queriendo morder carne tierna de inexperto.
“Aprender es lo más caro del mundo. Y no se trata sólo de dinero”, decía Miguel Ángel Gala, uno de nuestros gurús en recursos humanos. Por eso hay que aplaudir la iniciativa de los “Programas Senior”, bajo cuyos auspicios, muchos jóvenes emprendedores están contando, gratuitamente, con el asesoramiento de veteranos hombres de empresa (los seniors) que les arropan en los inicios y los alejan del camino que lleva a engrosar la tasa de mortalidad de las empresas nacientes. Aprovechar el talento y la experiencia de hombres de empresa en el tramo final de su vida profesional, sí es una iniciativa encomiable y progresista. Enseñar a los jóvenes la ruta de las ventanillas donde se reparten las subvenciones es perverso, y aquí en Andalucía, doblemente perverso.
jaume — 21-02-2008 00:50:48
Luis Miguel — 21-02-2008 10:58:14