"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

No sé quién dijo lo de “Si habla mal de España, es que es español”, pero acertó. De siempre, los españoles nos hemos sacudido los complejos que nos atenazan —de desorganizados, chapuceros, incluso vagos y sobre todo el de “demócratas sin pedigrí”— con actitudes desmedidas justo en los asuntos que provocan el incómodo sentimiento. Un ejemplo de ello es nuestro ordenamiento jurídico, tan “garantista” que la protección que a veces recibe el agresor contrasta con el abandono en el que, por oposición, se deja al agredido, que suele respetar la ley y paga sus impuestos. Luego con esos impuestos se atiende gratis a cualquiera en los hospitales, se mantienen colegios con un alto número de profesores con depresión, una policía humanizada y unas cárceles donde se trata a los presos como a personas. Cualquiera puede comprobarlo viajando a países de nuestro entorno cultural y económico, no muy lejos, para qué decir nombres.
Y quizás justo ahora, cuando se barruntan, incluso se palpan, tiempos de crisis y vacas flacas, sea cuando conviene recordar que en España se vive bien y que deberíamos hablar mejor de lo nuestro. Porque aquí somos capaces de acoger a cualquiera, y no me refiero sólo a los más desfavorecidos (por ejemplo, los nómadas de carromato, acampada y venta en el semáforo), sino también a esos que se dedican a oscuras actividades y que encuentran sosegado refugio tras los setos de sus jardines en urbanizaciones de lujo, y por supuesto, a todos esos pensionistas o retirados de la Europa del frío, a los que les gusta España tanto como a un marroquí o a un ecuatoriano, lo que pasa es que se hacen notar menos, y por supuesto, salen menos en la prensa.
Supongo que muchos de nosotros, los más curiosos y abiertos, habremos pensado alguna vez en cómo nos iría si nos fuéramos a vivir a otro país. Seguro que la conclusión habrá sido que no es fácil irse de España. La razón es clara: si al buen clima y al (en general) carácter abierto de los españoles, unimos ciertos detalles de la legislación, es muy difícil zafarse a la tentación de vivir aquí. Imagine por unos momentos que usted se va a otro país, y allí hay que pagar el alquiler sin trucos, respetar a los profesores, cumplir las normas tráfico, dejar dormir a los vecinos, cumplir las penas impuestas, no beber en la calle, ni aliviar al perro en la acera, y además, los políticos que se pasan mintiendo son expelidos del circo del que viven. Quizás deberíamos dejar de quejarnos de cómo se vive España. Hay muchísima gente encantada de haber venido y muchos más esperando para venir.
Oscar Montevideo — 20-02-2008 17:14:05