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Tania, la gota inquieta (Cuento de Rosa García Calleja)

Archivado en Amigos escritores • Fecha: 20-02-2008 12:21:18

Os presentamos a nuestra nueva amiga Rosa, de Cornellá de Llobregat (Barcelona), y para ello, ninguna tarjeta de visita mejor que su cuento "Tania, la gota inquieta", con el cual ganó el segundo premio en la sección de Cuento Infantil del Concurso de Cuentacuentos de Extremadura del año pasado (ver anotación en Arponeros del 19.Nov.07).

Un magnífico cuento, en verdad, os invitamos a comprobarlo.





El verano estaba siendo realmente caluroso, no caía una sola gota de lluvia desde hacía al menos tres meses. La quietud del aire hacía que el mar se hallara en una calma casi absoluta; el cielo despejado de nubes dejaba ver con nitidez como una bandada de gaviotas sobrevolaba el agua buscando alimento. Todo parecía indicar que éste iba a ser uno de esos maravillosos días apacibles y soleados que cualquiera desearía tener en vacaciones. Bueno, para ser más exactos, todos menos una, ya que si nos adentramos unos cientos de metros bajo el mar y nos fijamos detenidamente, descubrimos una gota de agua joven, rebelde e insatisfecha por la vida que le había tocado vivir.
-¡Cariño, no te alejes tanto! –decía con voz alarmada su madre.
-Mamá, quiero descubrir lugares nuevos…
-¡Pero si aún eres muy joven!
-Es un fastidio estar aquí ¡está tan calmado que apenas nos movemos!
-No te quejes, que aquí estamos a salvo… a salvo del ciclo.- dijo la madre temerosa y en voz baja, como si no quisiera ser escuchada.
-Siempre el mismo rollo… ¿Por qué habláis todos del ciclo con tanto misterio? Háblame claro mamá ¿qué es el ciclo? ¿por qué no podemos subir a la superficie? –preguntó Tania enfadada.
-Sí, tienes razón, no puedo prohibirte que subas sin darte una explicación. Pues bien, cuenta una leyenda que cuanto más cerca estés de la superficie más posibilidades tienes de entrar en el ciclo. No se sabe por qué, pero sin previo aviso, una fuerza incontrolable te atrae hacia el cielo y desapareces sin más.
-¡Oh! ¡Qué guay! –interrumpió Tania asombrada.
-No, no es tan guay como tú dices, recuerdo la última vez que estuvimos en la superficie; habíamos quedado con tus tíos para dar una vuelta, y como nos retrasamos un poco, cuando llegamos sólo pudimos verlos un instante, porque surgió de la nada esa energía descomunal y se desvanecieron por completo, no pudimos ni despedirnos –relataba su madre entre lamentos- y nosotros también estuvimos a punto de perecer, pero por suerte no fue así. Después de aquel día no hemos vuelto a visitar la superficie y nos recluimos aquí en las profundidades, para huir de ese ciclo.
-Los que desaparecen, ¿ya no vuelven más? –preguntó sorprendida.
-Bueno, algunos vuelven y cuentan historias tan fantásticas como increíbles, pero los que tuvieron experiencias desagradables viven aquí igual que nosotros, esquivando el ciclo. Los que se dejan llevar por el entusiasmo de los otros, no se alejan de la superficie esperando que esa fuerza les lleve a un lugar nuevo y desconocido arriesgándose incluso a no volver jamás.
Después de escuchar esto, Tania no pudo aguantar más y le dijo emocionada:
-Mamá, mamá ¿podemos ir a la superficie? Quiero ver el sol, ¡aquí está todo tan oscuro, por favor mamá…! –imploró la hija.
La madre alarmada le dijo:
-Tania, quédate aquí un momento que voy a buscar a tu padre.
Corrió hacia donde estaba el padre y con angustia le comentó la conversación que había mantenido con su hija:
-Creo que me he equivocado, le he explicado lo del ciclo y no tenía que haberlo hecho, ahora Tania tiene más ganas de ir a la superficie que antes, ¡sospecho que va a hacer una locura! –dijo sollozando- ¡debemos impedirlo!
Dicho esto, los dos se dirigieron rápidamente al lugar donde había dejado a su hija esperando, pero sus temores se hicieron realidad, Tania se había marchado.
En ese preciso instante Tania ya se encontraba muy cerca de la superficie.
Estaba fascinada, por primera vez en su vida observaba la luz del sol a través del mar y pensó que nunca había visto nada igual.
El paisaje era maravilloso, menudos colores tenían los peces allá arriba. Por un momento, aquella alegría que le inundaba todo su ser se tornó en profunda tristeza, cuando se acordó de sus padres y de lo mucho que los quería. Pero deseaba tanto vivir grandes aventuras que decidida siguió avanzando hacia su meta.
Le faltaban escasos metros para llegar. Comenzó a sentir que su cuerpo se calentaba por efecto del sol, al principio era agradable pero a medida que se acercaba a la superficie esa sensación tan placentera se iba convirtiendo en un escozor insoportable que aumentaba a tal velocidad que sintió miedo. Se estaba quemando y no podía hacer nada para evitarlo ¿Por qué no hice caso a mis padres? Pensaba mientras lloraba asustada.
Parecía que aquel dolor iba a ser interminable, de repente llegó esa fuerza de la que todos hablaban y el sufrimiento cesó. Sintió que se dividía en mil pedazos, tuvo la impresión de que su cuerpo ya no le pertenecía, que carecía de peso, miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba flotando en medio de millones de gotitas que como ella segundos antes habían estado en la superficie del mar.
Poco a poco fue ascendiendo dirección al cielo, era tal el cúmulo de emociones que acabó desmayándose.
Cuando recobró el conocimiento se percató de que junto con sus compañeras formaban una nube que viajaba a merced del viento, aún notaba el calor pero ya no era molesto, ahora se encontraba en un estado gaseoso que le comenzaba a gustar.
Así estuvo unos tres días, viajando y observando desde allá arriba todo lo que ocurría en la tierra, disfrutaba tanto con esas vistas que deseó quedarse así durante mucho tiempo. Poco le duró, ya que se acercaban a una zona montañosa en la que la temperatura alcanzaba los 20 grados bajo cero.
Sintió frío y su cuerpo se volvió denso, compacto y pesado, entonces percibió que repentinamente se adhería a la compañera de al lado y ésta a la siguiente y así hasta que, todas formaron parte de una masa espesa.
Cada vez hacía más frío, comenzaron a tiritar con tanto ímpetu que se fueron desenganchando unas de las otras y cayeron al vacío a consecuencia del peso y de la fuerza de gravedad.
Se habían convertido en copos de nieve y bajaban de una forma tan acompasada que, parecía que bailaban al son de un vals.
Miró hacia abajo y distinguió una zona muy extensa de agua, parecía un río o era un lago, bueno, no podría precisar con exactitud ya que se encontraba a poca altura y sólo veía agua.
Al llegar, se sumergió en la inmensidad del agua y se deshizo, volviendo a ser una gota de agua en estado líquido.
El agua parecía contaminada y notó que se estaba ensuciando; no le dio tiempo de reaccionar, porque una corriente le arrastró hacia una catarata.
Era como estar en un parque de atracciones, bajando por la montaña rusa. Al llegar al final del trayecto, entró junto con ramas, plásticos y demás residuos en una especie de tubo muy ancho que en su extremo se hallaban unas cámaras y unos tanques con filtros que hicieron que la gota volviera a estar transparente.
El agua en su conjunto había pasado por una planta de depuración y estaba lista para ser consumida.
La embotellaron y la llevaron en un camión para distribuirla por los pueblos de alrededor. Una vez en la tienda, la colocaron en un estante y allí pasó unas cuantas horas expuesta, Tania no hacía más que preguntarle a todas sus compañeras que qué hacían allí pero claro, ninguna de ellas lo sabía, así es que en silencio decidieron esperar, cuando ya estaba a punto de volverse loca, apareció súbitamente la mano de una niña que cogió la botella y la metió en un carrito de la compra.
Una vez llegó a casa de la niña, la introdujeron en la nevera y como comenzaba a tener frío, pensó que volvería a convertirse de nuevo en un copo de nieve.
Transcurrido un tiempo, la puerta de la nevera se abrió, pero esta vez no era la niña, sino su madre, quien la cogió y transportó directamente a la mesa, colocándola justo al lado de la ensaladera.
La familia se sentó a la mesa y mientras la madre servía la comida, el padre llenó de agua los vasos. El padre se atragantó comiendo, tras toser un poco, cogió el vaso que contenía el agua y se la bebió.
Tania fue ingerida, pasando directamente al esófago por donde bajó a una velocidad de vértigo. Se espantó un poco porque de pronto se hizo de noche, bueno eso pensó ella, pero lo que había sucedido era que se había metido en la zona del estómago y allí apenas se veía.
Se tranquilizó cuando notó que no se encontraba sola, aparte de sus compañeras las gotas de agua, no paraban de llegar visitantes; el ácido gástrico, las enzimas, las vitaminas, en fin múltiples elementos que acudieron como si de una fiesta se tratara. Pero la cosa no quedó ahí, todos fueron arrastrados hacia el fondo donde se localizaba un túnel estrecho, allí estaban las vellosidades intestinales que iban seleccionando el material, lo que interesaba era absorbido y el resto desechado. A Tania la escogieron y pasó al torrente sanguíneo con muchas de sus compañeras.
Recorrió bastante distancia llegando posteriormente al riñón, el cual contenía muchísimas piedrecillas minúsculas en sus conductos, al pasar por el uréter observó como una de aquellas piedrecillas obstruía el paso, entonces gracias a Tania y todos sus compañeros, pudieron por medio de una gran presión sacarla de en medio y dejar el paso libre.
Mientras todo esto ocurría en el interior del cuerpo del padre, éste se encontraba en urgencias de un hospital sufriendo un cólico renal que por suerte, el paso del agua diluida en la orina, hizo que la piedra saliera aliviándole de su dolencia.
El recorrido acabó en la vejiga donde por medio de contracciones fue expulsada al exterior. Por el desagüe del lavabo recorrió todo el alcantarillado hasta llegar directamente al mar.
Al entrar de nuevo en contacto con su hábitat, se animó y con gran entusiasmo se adentró en el mar.
Anduvo buscando a su familia durante unos seis días cuando, casi por casualidad, vio aparecer a su madre, corrió de inmediato hacia ella, se fundieron en un emotivo abrazo y poco después se encontraban los tres, o sea la madre, el padre y Tania charlando de su estrambótico viaje y de todo lo que le había ocurrido.
-¡Hija mía! ¡Qué alegría que estés ya en casa! –exclamaba gimoteando la madre.
-Mamá, no te pongas así, que ha sido una experiencia muy divertida y a pesar de todo, ha valido la pena…
-¿Qué vas a hacer ahora, Tania? ¿Te marcharás de nuevo? –preguntó el padre preocupado.
-Creo que descansaré una temporada, han sido tantos sobresaltos que me apetece mucho estar aquí con vosotros en las profundidades, a salvo del ciclo, claro… ja,ja,ja.-bromeó Tania guiñándole el ojo a sus padres.

Escrito por Quintin de Parma
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Comentarios

  1. Me ha parecido un cuento delicioso, se lo he leído a mi hija de 5 años y ha disfrutado muchísimo. Es un relato instructivo y a la vez muy emotivo. Descriptivo y divertido donde incluso he llegado a sentirme identificada con Tania en mis tiempos de adolescencia. Muy bien Rosa me alegra que haya sido premiado porque se lo merece.

    helena — 21-02-2008 19:08:48

  2. ME HA GUSTADO MUCHO, ROSA ME GUSTARIA LEER MÁS COSAS TUYAS PIENSO QUE TU LITERATURA ES MUY FRESCA Y AMENA, FELICIDADES

    JAUME — 23-03-2008 20:01:34

  3. Como se le puede poner tanta imaginación para convertir algo tan físico y sin alma en una historia tan emotiva y creible. Te pones en el lugar de Tania y vives con ella su historia.
    Me parece que aparte del entretenimiento del cuento en si, es una forma ideal para explicarles a los niños el ciclo del agua y que lo entiendan.
    Rosa me encantaria que te lo publicaran y espero que la escritura siga formando parte de tu vida. Los demas saldremos beneficiados.

    Aurora — 11-05-2008 19:22:19


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