"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

Fue en un pub escocés, de noche, aunque no muy tarde, ya se sabe lo pronto que anochece tan al norte. La pieza estaba llena pero no atestada. Toda la parroquia —menos yo— era estrictamente local: hombres y mujeres entre los 18 y los 75. Ninguno de ellos había pisado la escuela tras cumplir los 15. Y como la bebida a veces despierta el gallito que algunos llevamos dormido bajo la camisa, un escocés escurrido de carnes, rubísimo y de acento indescifrable, se levantó ondeando un billete de 10 libras y gritó en su lengua: “¡Pelea!”
El pub se convirtió en un clamor. Uno de los camareros sacó a un oso pardo —no muy grande— de una jaula que había en una esquina del local. Tirando de una cadena, lo condujo a una zona despejada entre las mesas. Agarró el billete que el rubio —tan cocido— sostenía en alto, imitó con desgana el ritual que siguen los árbitros de lucha libre antes de un combate y gritó: “¡Peleen!”. El rubio se lió a mamporros con el oso y el oso (al que alguien le había cortado las uñas) con el rubio. Ya saben, cosas que ocurren en los bares británicos, donde no es tan difícil adentrarse en el alma de los súbditos de su graciosa majestad.
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¿Que la historia no es creíble? Pues tengo una foto polaroid que da fe de aquella pelea de pago. Eso fue mucho antes de la invención de la fotografía digital, cuando la única manera de tener fotos era esperar a que la tienda de revelado hiciera su trabajo. Salvo que tuvieses una Polaroid, un sistema inventado y explotado por Edwin Land desde 1948. La innovación consistía en que, nada más disparar, de la cámara salía una foto en papel. Unos rodillos rompían la bolsa de líquido revelador que el papel contenía y la imagen se positivaba en segundos.
Pero hoy la fotografía digital triunfa y la casa Polaroid lo está pasando muy mal: dejó de montar cámaras en 2007 y será 2008 el último año en el que fabrique papel autorevelador. A menos que la patente sea licenciada, la tecnología polaroid desaparecerá para siempre en cuestión de meses. Los pocos que le seguían siendo fieles eran unos cuantos nostálgicos recalcitrantes y, sobre todo, artistas que experimentaban con la imagen impresa. Sin embargo, la foto instantánea polaroid ha ayudado a muchas empresas que necesitaban sus fotos de inmediato: aseguradoras, constructoras, productoras de cine, agencias de modelos. Y en concreto, ha servido para que algunas historias ciertamente increíbles, como la del pub escocés donde los nativos pagaban por pegarse con un oso, puedan ser contadas sin temor a que al narrador le apliquen un adjetivo. O dos.
Caroline de Beauregard — 26-02-2008 13:02:39