"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
El viernes pasado di una conferencia coloquio en un instituto del Campo de Gibraltar. La audiencia la componían cien jóvenes a los que les queda poco para decidir qué van a hacer con sus vidas, ya sea ir a la universidad, buscarse un empleo o cualquier otra opción que pudiera convenirles. En cualquier caso, una grave decisión que marcará su futuro.
Me gustó comprobar que, a veces, uno se equivoca cuando piensa que la juventud de hoy es indolente y que vive adormilada entre el Messenger y la botellona. Aunque había de todo —incluyendo canis de mirar desafiante o conversadores de lo suyo—, una mayoría tenía mucho que decir y las ganas de hacerlo. Por eso me resultó tan reconfortante descubrir el interés con el que escuchaban y preguntaban, como si lo que oían les mereciese la pena. Los prejuicios que arrastramos suelen obsequiarnos con sorpresas así. Aunque no tuviera que ver con el tema de la conferencia —la literatura—, al final salió lo que realmente les preocupaba: “¿Qué hago con mi vida? Junio se acerca y no estoy preparado para tomar una decisión así sobre mi futuro”.
El sistema educativo nos obliga a elegir carrera a los 17 ó 18 años, que puede parecer una edad temprana, pero es tan buena o mala como cualquier otra. Lo ideal es enfrentarse a las decisiones graves con la información adecuada, lo cual no suele ser el caso. Por ejemplo, el que piensa en hacer Derecho, Empresariales o Medicina normalmente no investiga cómo es el trabajo diario en un bufete, una oficina o un hospital, ni razona sobre lo que significará repetir ciertas tareas durante años. Solemos manejar tópicos o ideas preconcebidas como salario, horario, prestigio, etc. En muchos casos, la decisión se apoyará en una trivialidad. Aquellos jóvenes estaban preocupados ante la responsabilidad. Sabían que nadie, salvo ellos mismos, sufriría las consecuencias que se derivasen de una mala decisión. Por eso estaban nerviosos.
Al terminar la conferencia, tres alumnas me hicieron una entrevista para la revista del Instituto. La mayoría de las preguntas estaban inspiradas en lo que pone la solapa de mi último libro, pero hubo una que no, y esa fue la que me llamó la atención. No sé si por la esencia de la pregunta o por el terreno que aquella adolescente me invitaba a pisar: “¿Se pueden hacer realidad los sueños?” Sentí cierto vértigo cuando empecé a responder. Cuando terminé, me alegré de haberla respondido.
Paco Bernal — 16-04-2008 18:27:08