
"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.
Ross Perot fue un empresario tejano que formó parte del Consejo de Administración de General Motors durante un corto periodo. Perot, que además fue candidato a la presidencia de su país, era un hombre resolutivo cuyo lema era “Sin excusas, sólo resultados”. Por eso se sorprendió tanto cuando conoció cómo se trabajaba en el órgano supremo de la —entonces— mayor empresa del mundo. Y lo rebautizó como el “Comité de la Serpiente” porque —decía— que sus miembros veían el problema (la serpiente venenosa encima de la mesa) y en lugar de matarla, se dedicaban a hablar de ella, sin hacer nada. A veces, traían un consultor que sabía mucho de serpientes. Otras, la bicha picaba mortalmente a un consejero, pero siempre quedaban otros con más suerte que podían seguir hablando de ella sin hacer nada. Al poco de entrar en aquel Consejo, y a pesar de tener una parte sustancial del capital, se fue. O lo echaron, eso no lo recuerdo bien.
En los últimos días hemos podido leer (sic): Cuando un país se plantea aplicar esas medidas, debe tener en cuenta las condiciones locales y los aspectos técnicos específicos más vulnerables a fin de reducir al mínimo otros riesgos y daños potenciales. Para ello, los responsables de la toma de decisiones deben considerar las opciones de las que disponen para obtener los mejores resultados, si es necesario basándose en una evaluación de impacto que abarque las diferentes opciones técnicas.
Y uno se pregunta, ¿dónde habrá estudiado este? Pues el de la parrafada es el Comisario Europeo de Medio Ambiente, el griego Stavros Dimas, respondiendo —se ve que el hombre es de esa casta de políticos a los que gusta coger el toro por los cuernos— a una pregunta de un eurodiputado a propósito del desastre del New Flame, hundido frente a Gibraltar.
El carguero New Flame, con sus bodegas atiborradas con 42.000 toneladas de chatarra y recién repostado con otras 700 de gasoil, chocó con el petrolero Torm Gertrud, que transportaba 27.000 toneladas de gasolina. El segundo salió de la Bahía sin derramar su peligrosa carga; pero el primero se fue a pique, y ahí lo seguimos teniendo, igual que el primer día, ensuciando el mar y las playas. Porque el caso es que hoy, 247 días después del choque, nadie ha hecho nada efectivo. Los llanitos quietos, nosotros, más quietos, los ingleses, para qué hablar. Supongo que estamos esperando a que el desastre se consume para actuar. Lo único nuevo es que el asunto se debatirá en el pleno del Parlamento Europeo del próximo lunes. Lo que decía Ross Perot: otro comité sobre la serpiente.
Marcos — 16-04-2008 18:30:17