"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

Francisco Fernández Ordóñez murió con 62 años y, entre otras muchas cosas, tuvo tiempo a ser tres veces ministro. Empezó por Hacienda (1977-79) y nos enseñó que en primavera toca declarar el IRPF. Luego entró en Justicia (80-81) y dejó lista la Ley de Divorcio. Por último, pasó por Exteriores (85-92) y consumó nuestra entrada en la Unión Europea. Ninguna trivialidad para salir de 39 años de dictadura.
Desde lejos, a mí me dio la impresión de que Paco Ordóñez tenía claro lo que el país necesitaba y quiso dejarlo hecho antes de marcharse. En concreto, la revolución que él inició en Hacienda ha permitido que los procedimientos y medios informáticos con los que hoy trabaja ese ministerio sirvan de referencia a países más desarrollados que España.
El domingo por la tarde recibí en mi móvil un SMS con el que Hacienda me informaba de que ya está lista mi declaración de la renta, la cual puedo revisar y firmar por Internet. En la Transición, esto hubiera sido pura ciencia ficción, pero hoy es una realidad que se inició con Paco Ordóñez. Sin embargo, y para nuestra desdicha, ni Ordóñez ni nadie pensó en dotar a Justicia con desarrollos tecnológicos similares a los que hoy funcionan en Hacienda. ¿Falta de medios económicos? ¿Intelectuales? En absoluto: falta de voluntad política. Hacienda llena las arcas del Estado y Justicia es puro gasto. Un servicio. Aunque si pensamos en la seguridad que el Estado da a sus ciudadanos cuando les provee de una justicia eficiente, la perspectiva cambia.
Ha habido tiempo y dinero para hacerlo. Sin embargo, la realidad es que cualquier funcionario de Justicia tiene que bucear entre legajos de mil páginas cada vez que precisa un dato, cuando no sería tan difícil disponer —entre otras cosas— de un sistema que le detallara en una carilla todas las actuaciones realizadas y, a la vez, una red de alarmas le avisara de los plazos que van venciendo. De la misma forma, cualquier ciudadano enredado en un juicio podría saber del progreso de su caso recibiendo un mensaje al móvil un domingo por la tarde. Nada especial, algo que en España tiene cualquier pequeña empresa.
Como decía Leonardo, “no se puede esperar un buen trabajo de quien no dispone de la herramienta necesaria”. Si nuestros jueces y fiscales dispusieran de herramientas tecnológicas adecuadas, si se hubiera tenido la voluntad política necesaria, hoy nadie tendría que asistir al esperpento que a veces vemos en nuestra justicia.
Peaslee — 29-04-2008 23:22:56
MONTILLA — 29-04-2008 23:24:04
varguitas — 04-05-2008 23:34:11
Marcos — 04-05-2008 23:39:17