"El Decodificador" es una columna escrita por Luis Miguel Rufino que aparece todos los martes en la sección de Economía y Empresa del diario El Mundo.

Los usuarios de correo electrónico somos víctimas de una moda tan extendida como, a veces, funesta. Se trata de los mensajes que te envían los amigos que llevan adjunto un trozo de vídeo, una foto o una presentación “powerpoint”. La temática es variada: desde lo cómico a lo porno pasando por lo solidario o esas insufribles reflexiones “de profundis”. La verdad es que el jueguecito nos debe de gustar si se atiende a la fruición con la que nos reenviamos mensajes los unos a los otros. Y la cosa no estaría mal del todo si no fuera porque algunos de esos amigos reenvían en masa, sin seleccionar, obviando algo tan importante como las diferencias de sensibilidad, humor y gustos de los destinatarios.
Hace poco me llegó una colección de fotos de los asistentes a una boda entrando en la iglesia, por parejas, cogiditos del brazo. Todos eran negros norteamericanos. La gracia radicaba en la vestimenta usada por los invitados: cada traje más llamativo que el anterior, con combinaciones delirantes de colores, texturas y diseños. Se supone que elegantes a la manera de los afroamericanos. Cada invitado parecía decir “aquí estoy yo y espero ser recordado por este traje toda mi vida”.
●
El economista noruego Thorstein Veblen acuñó el término “consumo ostentoso” para referirse al que hacemos para diferenciarnos de los que nos rodean, gastando en lo que esos otros pueden ver: ropa, coches o joyas. La Universidad de Chicago acaba de publicar un estudio que demuestra que la idea tan manida de que “los negros gastan más en ropas vistosas y joyas imposibles” (en proporción a su renta disponible) no es real. No es la raza la que nos hace tener unos hábitos de consumo más o menos ostentosos. La razón está en el entorno, en la brecha financiera que haya entre nosotros y nuestros vecinos: si somos manifiestamente más pobres que ellos, no intentaremos impresionarlos gastando en lujo ¿para qué? Por el contrario, seamos negros, blancos o numismáticos, cuando las diferencias sociales en el vecindario son menores, nuestra necesidad de aparentar de desata y dedicamos una parte importante de nuestra renta disponible a la ostentación.
Probablemente ese era el caso de las parejas de la comitiva de aquella boda negra que recibí por email, que todos estaban más o menos igual de mal y no sabían qué inventarse para hacer creer al de al lado cuán bien les iba la vida. Si no en términos económicos, al menos en términos de gusto.
Caroline de Beauregard — 11-06-2008 17:53:01